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Una sorprendente historia de la mágia

«FANTASMAGORÍA. Magia, Terror, Mito y Ciencia» es una sorprendente historia de la magia cómo la práctica de hacer visible en el espacio físico lo que existe en la psique, los sueños o la imaginación. Una historia de la magia como creadora de mundos virtuales, que se convierte en un arte escénico que tendrá un papel crucial en la configuración de la manera de percibir y sentir la realidad de la cultura moderna, en las tecnologías que posibilitan la sociedad del espectáculo, en la aparición del cine y en el desarrollo de la realidad virtual que invade nuestro espacio físico.

En el París ensangrentado tras la Revolución, la Fantasmagoría otorgó vida y movimiento a las sesiones estáticas de la linterna mágica. Lo irreal se convirtió en real. Los seres imaginarios cobraron existencia y movimiento. Los muertos volvieron a la vida. Las imágenes flotaban solas y enigmáticas, aisladas de su entorno, en una atmósfera en la que las tinieblas de la sala hacían visibles las tinieblas del espíritu.

Las sesiones masónicas de Schöpfer o Cagliostro y los espectáculos ilusionistas de Phillidor o Robertson, surgen al tiempo que la novela gótica, con la que comparten el gusto por lo tétrico, lo maravilloso y lo fantasmagórico. Desde hacía siglos, los cerebros habían sido adiestrados para ver seres que no son visibles: dioses, demonios, monstruos o fantasmas. Todos estos seres improbables tenían en el otro mundo su domicilio fijo. Al igual que los antepasados. Pero con la desaparición de la creencia en otra vida, fueron desalojados del Mas Allá. Las imágenes fugitivas tuvieron que ser reabsorbidos por la mente, En cierto modo los pensamientos se saturaron de espectros que se materializaban a través del sueño, las pesadillas, la alucinación, el delirio o la locura.

También a través de la óptica. La Fantasmagoria fue la respuesta tecnológica y artística de una época para hacer visible esa poderosa carga espectral refugiada en el cerebro.

Esta ha sido siempre la función de los hacedores de prestigios. Los testimonios de la práctica de desplazar fantasmas o apariencias engañosas desde los sueños o la imaginación al espacio físico. Una actividad que se remonta a una historia secular, donde inicialmente lo virtual, que es consustancial con la naturaleza humana, se asocia con la magia y la religión, y se guarece bajo referencias a lo oculto y la retórica del velo y el descubrimiento.

En España, el espectáculo fue desentrañado por el naturalista Juan Mieg en un libro titulado Noticias curiosas sobre el espectáculo de Mr. Robertson, los juegos de los indios, las maquinas parlantes, la fantasmagoría, y otras brujerías de esta naturaleza. Mieg formaba parte del entorno de Goya pues era hombre ligado a la Corte y profesor de física del Real Gabinete. Remonta los orígenes de la fantasmagoría a los templos egipcios y describe con precisión el procedimiento moderno. El espectáculo era conocido desde 1806 y dos linternistas adquirieron cierta popularidad; Bernardino Rueda, formado junto al mago Pinetti, y, sobre todo, Juan Martínez Mansilla Llegó a ser una de las diversiones más apreciadas por el público, según asegura Larra.

Tal vez porque lograba transmitir una nueva forma de miedo, la que provocaba – usando la terminología de Goya – el sueño de la razón en el ser humano; el miedo a sí mismo.

Ramón Mayrata: «FANTASMAGORÍA. Magia, Terror, Mito y Ciencia», La Felguera editores.

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