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Elecciones Generales 1977 | 40 años

El cine que no contribuyó al mito de la Transición

Los medios de comunicación fueron la base para que el nuevo régimen construyese la denominada "cultura de la transición", mientras que el cine trató de abrir caminos pasando de lo erótico a lo subversivo y olvidandando la situación de la mujer

Fotograma de 'Siete días de enero' de Juan Antonio Bardem /

Decía Gerard Imbert que la ficción acoge todo aquello que no tiene cabida en el discurso público. De alguna manera, eso es lo que el cine español hizo durante la Transición, acoger un discurso alternativo al relato oficial del cambio de régimen, que tuvo como punto álgido las elecciones de junio del 77. Los medios de comunicación en aquel entonces y todavía hoy fueron el eslabón que trasmisió y configuró ese mito del consenso y la unidad que se asocia al periodo político que va desde la muerte de Franco hasta la victoria del PSOE en el 82.

Con solo una televisión, TVE, y con escasa cultura democrática, el cine se convirtió en el reflejo audiovisual de aquello que no se contaba: las drogas, lo erótico, movimientos asamblearios, precariedad, desencanto y una incipiente preocupación por la memoria histórica. En noviembre de 1977 se aprueba un Real Decreto que acaba con la censura franquista sobre el cine y liberaliza el sector. A partir de ese momento, el criterio económico será el que diga qué películas se ruedan y cuales se quedan en el cajón.

Al igual que el cine español no tiene la gran película sobre la Guerra Civil, no tiene un relato sobre la Transición. No hay un Bertolucci con un Novecento que retrate el devenir político y social de nuestro país. En llamado cine de la Transición buscó diferentes caminos para contar los cambios que experimentaba la sociedad española. Caminos que fueron desde lo erótico, desde la comedia, lo histórico o el documental, pero donde escase el cine político puramente dicho. Es cierto que, como dice el director Costa Gavras, todo cine es político; pero el cine de aquella época carece de un retrato de los hechos políticos de la Transición, salvo por la cinta de Juan Antonio Bardem, Siete días de enero, en la que se relatan los tensos acontecimientos

El inicio de la memoria histórica

Durante la transición, la ausencia de otras alternativas televisivas y la enorme influencia de este medio sobre la población hizo que estos directores siguieran ofreciendo otra versión sobre figuras o acontecimientos distinta a la imagen oficial. Por ejemplo, el tema de los maquis fue bastante tratado a finales de los setenta. Considerados como bandoleros durante el franquismo, películas como Los días del pasado de Mario Camus o El corazón del bosque de Manuel Gutiérrez Aragón. Este último se convirtió en uno de los directores más importantes de este periodo que extendió su crítica al franquismo y la ultraderecha en otros títulos como Camada negra (1977) o Sonámbulos (1978), las tres de Manuel Gutiérrez Aragón, uno de los grandes directores de esta etapa.

Dentro de este cine que miraba al franquismo tamibén hubo directores que se atrevieron con la comedia. Berlanga se burló del Opus Dei y de las corruptelas políticas en La escopeta nacional (1978) o José Luis Borau en Furtivos (1975) utilizó el humor para ridiculizar a un bobo gobernador civil también aficionado a la caza. 

La eclosión del documental

Mientras que la ficción olvidaba los hechos puramente políticos, el cine documental de aquellos años trató de reflejar el cambio político. Realizados por directores del entorno del PCE, como Pere Portabella, con su Informe General sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (1976), donde exponía todas las dudas y discusiones entre políticos y movimientos populares. O el valor testimonial de los documentales de los hermanos Cecilia y José Juan Bartolomé, como Después de... (1981), No se os puede dejar solos y Atado y bien atado, testimonio de los movimientos sociales que protestaban en las calles.

El cine sobre ETA

El terrorismo de ETA no terminó con la caída del franquismo, sino que continúa en la configuración del nuevo régimen democrático, con la banda terrorista dividida en dos. La organización terrorista pronto tuvo su representación cinematográfica con Imanol Uribe como gran representante en películas como El proceso de Burgos (1979), La fuga de Sevogia (1981) y La muerte de Mikel (1984).

Erotismo y drogas como temas de vanguardia

Con la censura eliminada, el cine empieza a mostrar besos y cuerpos desnudos, antes prohibidos. Así surge el cine del destape, heredero del landismo. Un cine  que trataba a la mujer como objeto sexual. A este cine, se suman cintas más reflexivas y series que también hablan de una erotización soterrada en la dictadura, debido al peso de la Iglesia Católica. Directores como Vicente Aranda o Eloy de la Iglesia, que se atrevió a mostrar a un político homosexual en El diputado.

A diferencia de lo que ocurrió con la llegada de la Segunda República, donde la mujer alcanzó un gran grado de libertad, durante la Transición, la situación de la mujer tardó en avanzar. En el cine, hubo que esperar a la llegada de Pilar Miró para que empezásemos a ver más mujeres detrás de la cámara. Sin embargo, en los años 70 destacó una película realizada por Josefina Molina, Función de noche, una mujer que se rebelaba contra las ataduras del machismo de aquella época.

Nuevos talentos, el relevo generacional

Los iniciso de los ochenta fueron también el momento en el que entraban en el cine español nuevos directores que hoy son los grandes popes del cine español. Almodóvar debutó en 1980 con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y Fernando Trueba en ese mismo año con Opera prima. Fernando Colomo se adelantó a ellos tres años con Tigres de papel. Todos ellos mostraban el gran cambio entre la generación de sus padres y la que ellos representaban en una España en pleno cambio.

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