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La opinión de Carles Francino

Cinco años no es nada ¿O sí?

Carles Francino reflexiona sobre la situación de Cataluña y la anulación de la amnistía fiscal del año 2012

Hoy es un buen día para recordar que no hay casi nada peor en la vida que aparcar los problemas; barrerlos para que no se vean pero dejarlos debajo de la alfombra sin haberles dado una solución. Eso nunca es un buen negocio, porque tarde o temprano esos problemas te atropellan. Y es precisamente eso lo que acaba de ocurrir con dos asuntos de enorme trascendencia; el primero, desde luego, Cataluña. Pero el segundo – también muy grave - el de la famosa amnistía fiscal.

Es curioso, ha transcurrido el mismo tiempo para los dos, han pasado cinco años, y ahora resulta que resucitan – que explotan – al mismo tiempo. El gobierno catalán ya tiene fecha y pregunta para el referéndum de independencia; ¿qué pasará desde hoy y hasta el 1 de octubre? Pues no lo sé – se admiten apuestas – pero sí estoy convencido de que todo lo que vaya a ocurrir se podía haber evitado con más política y con menos tacticismo.

Hace cinco años que millones de catalanes salieron a la calle para decir: “esto no nos gusta, queremos un cambio, estamos hartos”; ese dia, ese once de septiembre, muchos se sorprendieron. ¿Han reaccionado a partir de eso? ¿Han dado alguna respuesta sólida, han tenido de verdad ganas de arreglarlo? Pues no ¿Tiene razon la Generalitat convocando un referéndum a la brava? Pues yo creo que tampoco, de ninguna manera. Pero en mitad de la renuncia de unos y el desafío de otros se encuentran un montón de ciudadanos –catalanes o no catalanes – huérfanos, absolutamente huérfanos. Y eso no es de ayer; empezó –o las luces de alarma se encendieron – hace cinco años.

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Y hace también cinco años de aquella amnistía fiscal que indignó, cabreó, enervó a tanta gente en España, a tanto pagano de impuestos y cumplidor de obligaciones; bueno, pues ahora sale el Tribunal Constitucional a decir que tenían razón en cabrearse porque esa amnistía nunca debió haberse aprobado. Pero eso algunos ya lo advirtieron en su día –hace cinco años – y el Gobierno no les hizo ni puñetero caso.

Conclusión que puede sacar más de uno, y más de una: si en cinco años, cinco, no han salido capaces de resolver asuntos de tanta enjundia, ¿para qué carajo les queremos? Próxima parada: el populismo; o la antipolìtica. No es mi discurso, ¿eh?, no lo es para nada; pero hay días –sinceramente – en que cuesta encontrar argumentos para defenderlo.

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