La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Un juego peligroso

En el PP afirman que Rajoy ha visto la moción de censura de Podemos como una ocasión para reivindicarse como un presidente capaz de sobrevivir a todas las acusaciones sobre corrupción, Otros sospechan que Rajoy solo está preocupado por el ascenso socialista que reflejan las encuestas

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La primera jornada de la moción de censura tuvo tres protagonistas: Pablo Iglesias, Irene Montero y Mariano Rajoy. Y la primera noticia es precisamente esa, la intensiva participación del presidente del Gobierno en la tribuna, respondiendo tanto a la portavoz de Podemos como a su candidato presidencial.

Entre los tres ocuparon más de ocho horas de las doce que duró la sesión. Que el presidente censurado contestara a quien se propone para sustituirle es una buena costumbre democrática y se agradece que Rajoy respetara los usos parlamentarios, pero nada le obligaba a asumir un protagonismo tan grande.

¿Por qué lo ha hecho? En su partido afirman que Rajoy ha visto la moción de censura de Podemos como una ocasión para reivindicarse como un presidente capaz de sobrevivir a todas las acusaciones sobre corrupción, enfrentado en realidad a un candidato que no tiene ninguna posibilidad de desbancarle. Otros, también en su partido, sospechan que Rajoy solo está preocupado por el ascenso socialista que reflejan las encuestas y que todo lo que sea dar aire a Podemos como representante de la izquierda le viene bien.

Hay, incluso, quienes opinan que, siendo ese el juego de Rajoy y siendo verdad que el debate de ayer benefició a los dos, a Rajoy y a Iglesias, ese es un juego peligroso, porque la situación política es demasiado fluida como para apostar por la guerra entre Podemos y PSOE.

Habrá que esperar hoy al estreno del portavoz socialista José Luis Ábalos antes de valorar hasta qué punto el PSOE es capaz de romper ese círculo y de colocar a Pedro Sánchez como contendiente de Rajoy, y no de Iglesias. El líder de Podemos dejó bastante espacio a Sánchez como líder de una izquierda española federalista, porque aunque aludió a que apoyaba un referéndum pactado, alabó y aplaudió tanto la intervención del encendido portavoz de Esquerra Republicana, Joan Tardá, que dejó abiertas muchas incógnitas, sobre todo porque Tardá vino, nada menos, que a anunciar que el Parlamento catalán proclamará la república si finalmente no puede celebrar su anhelado referéndum unilateral.