¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

El dietario de Ramoneda

Volver a ganar el futuro

Josep Ramoneda hace balance de los cuarenta años que hoy se cumplen desde las primeras elecciones de la democracia

Hoy hace cuarenta años muchos ciudadanos votamos por primera vez. Fue uno de estos momentos fascinantes en que lo viejo ya no sirve y lo nuevo no ha cristalizado todavía. Todo parecía posible y al mismo tiempo la sombra del pasado seguía alimentando el miedo. De aquel voto salieron unas Cortes que se convirtieron en Constituyentes. No estaba previsto en la convocatoria, fue fruto del resultado obtenido. Y así el 15-J se convirtió en el momento decisivo de la transición.

La España technicolor se impuso a la España en blanco y negro. El franquismo y su principal enemigo, el partido comunista, cometieron un mismo error: creer que el pasado todavía legitimaba. Tengo en mi cabeza las imágenes televisivas de entonces: los veteranos y los nuevos, el pasado y el futuro. El ramillete de jerifaltes del franquismo, muchos de los cuales habían pasado de la camisa azul al traje oscuro. Gafas de concha, rostros malhumorados. Las viejas y míticas glorias del partido comunista, con Dolores Ibarruri vestida de negro como símbolo, junto a Rafael Albertí y Santiago Carrillo. Y de pronto aparecían en pantalla cuarentones con vestimenta informal y sin miedo a los colores. Caras nuevas como Adolfo Suárez y Felipe González que cinco años atrás no hubiesen entrado en ninguna quiniela. Y ganaron. La gente quería pasar página.

Tres factores determinaron la transición: el primero, que el tabú de la guerra civil se impuso como un superego colectivo (nunca más). Todo aquello que pudiera recordarla tenía efecto negativo. El segundo, que el régimen franquista era una superestructura instalada sobre una sociedad que lenta pero continuadamente se iba alejando de ella. Lo que hizo que a pesar de que el dictador murió en la cama, la democracia pareciera inevitable. El tercero, que nunca hubo un plan cerrado: la transición fue avanzando a golpe de riñón. Con la fortuna que en los momentos cruciales cayó del lado bueno. Hace cuarenta años votamos. Había satisfacción, pero también incertidumbre, porque en España la democracia siempre había sido efímera. El régimen se estabilizó y se acabó la fiesta: fue el desencanto. Muchas ilusiones quedaron frustradas. Pero hemos llegado hasta aquí. Y es hora de dar un baldeo a las instituciones, para volver a ganar el futuro.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?