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Laura Mulvey: ''El móvil es el nuevo sustituto fálico"

Pionera de la crítica de cine feminista, la directora y ensayista Laura Mulvey ha estado en Madrid en el Festival Filmadrid, donde ha impartido un curso de cine y ha sido homenajeada por su manera de describir la mirada en el cine

Laura Mulvey revolucionó la crítica de cine en 1975 cuando publicó el ensayo Placer visual y cine narrativo. En tan solo unas pocas páginas Mulvey, que utilizó el psicoanálisis de Freud y Lacan para analizar por qué, sin darse cuenta, el cine se organizaba bajo las ideas y los valores de un patriarcado, donde la mujer es solo objeto de deseo de la mirada del hombre, ya sea el director, los espectadores o los personajes masculinos de la película. De esta manera, consiguió explicar por qué el Hollywood clásico es machista y mantenía una imagen cosificada de la mujer, siempre subordinada a la mirada masculina. Mulvey se convirtió en una pionera del análisis fílmico feminista, que seguirían poco después nombres tan relevantes en las ciencias sociales como Judith Butler, que incorporó la teoría queer a ese análisis de la mirada, Teresa de Lauretis, Anne Kaplan y muchas otras.

Ahora, 42 años después, el ensayo de Mulvey nos sirve todavía para analizar mucho cine actual, donde el porcentaje de papeles femeninos protagonistas sigue siendo escaso, donde predomina un ideal de belleza y sensualidad hegemónico y donde las directoras y guionistas todavía son muy pocas. Con este panorama, Laura Mulvey ha pasado una semana en Madrid impartiendo un seminario sobre la maternidad en la gran pantala, organizado por el Festival Filmadrid, que además la ha homenajeado.

Desde el año 1975 hasta hoy, donde el panorama de la igualdad ha evolucionado, ¿en qué ha cambiado el cine en cuanto a la mirada sobre la mujer?

Es verdad que ahora muchas más mujeres hacen cine y eso es maravilloso, aunque lo remarcable es que el número de mujeres sigue siendo poco. Por un lado, esto se debe a la discriminación hacía la mujer, que hace que sea muy difícil que entren en el mundo del cine. Por otro lado, tenemos como resultado una gran pérdida cultural, de voces, de historias del 50 por ciento de la población que no está siendo representada. Si esto pasa, la cultura y la sociedad pierden.

La semana que viene se estrena Wonderwoman, una superproducción de Hollywood con una mujer, por primera vez, como la heroína protagonista, ¿esto cambia las cosas o sigue representando a una mujer al servicio del patriarcado?

Tendríamos que debatir primero sobre el concepto de heroína, que lleva asociado en la mayoría de los casos una alusión fantástica, mágica y muy excitante sobre la figura de la mujer. En el caso de Wonderwoman, he de decir que no la he visto, pero creo que su fuerza se acerca más a la violencia de los héroes masculinos, que a los valores que yo siempre he pensado que tendría que tener una heroína: la inteligencia. Yo misma realicé una cinta sobre una mujer, que es una heroína, que emigra de Londres a Australia en los años 30, una mujer intrépida, valiente, lista. Esa es para mí la heroína perfecta.

Como teórica y cineasta, ha hecho una defensa del melodrama, un género denostado por la crítica tradicional, ¿qué aporta este género a la representación de las mujeres?

Es perfecto para proponer cuestiones de la vida de las mujeres silenciadas, que en la cultura mainstream dominante masculina no se consideraba ni interesantes, ni pertinentes. Relaciones familiares, emociones, hijos... son cuestiones que no interesaban y se escondían. El melodrama se centra en esto en el argumento y además encuentra una manera de expresarlo a través de un lenguaje cinematográfico.

En su análisis, Placer visual y cine narrativo, destacaba el machismo de películas del Hollywood clásico, considerados grandes títulos de la historia del cine de nombres como Hitchcock o von Sternberg. ¿Cómo tenemos que releer a los clásicos del cine sabiendo que se trata a la mujer como objeto pero son grandes obras audiovisuales?

Trato de leerlo partiendo de que es un estilo viejo, hecho por viejos hombres, que ya no se hace. Ya no vamos a volver a estar en ese sistema clásico de estudio de Hollywood que tenía los mejores medios, la mejor técnica y los mejores directores y que era muy sofisticado. Lo que haco omo espectadora es mirar esas películas sabiendo cuáles son las características de ese viejo estilo, una actuación estilizada, la pose de las estrellas con una perfección totalmente artificial. Es decir, mirar sabiendo que ves algo no real y buscar nuevos puntos de vista y teniendo en cuenta que no vemos las películas como se veían en esos años, ni siquiera como cuando publiqué mi ensayo. Ahora lo que me interesa es ver cómo la nueva tecnología ha cambiado nuestra manera de mirar y poder establecer un diálogo entre lo viejo y lo nuevo y cómo lo viejo sigue vivo en las películas de hoy. 

Una de las críticas que se realizaron a su ensayo fue que dejaba a la mujer como espectadora fuera, no la consideraba activa, sino también pasiva. Ahora que vivimos en esta cultura participativa, donde el espectador es activo, ¿cómo diría que las mujeres como espectadoras descodificamos las películas y si detectamos el machismo implícito que puede haber en ellas?

Esto tiene que ver sobre cómo se han hecho las películas y cómo han llegado a la audiencia. Si hay una crítica de mujeres, feminista, que hable de estos asuntos. Es una cuestión difícil, hemos tenido grandes discusiones sobre esto, sobre cómo la audiencia femenina responde y justo estamos trabajando en una investigación sobre ello.

Usted nos dio las claves sobre cómo funcionaba el placer a través de la mirada, un placer masculino sobre el cuerpo de la mujer en el cine; ahora en esta era de las redes sociales, de Facebook y de Instagram, que la mujer decide qué foto se hace y cómo la difunde, no es un director masculino quién lo hace, ¿hay empoderamiendo o seguimos cayendo en los estereotipos de la mirada patriarcal?

Es otro mundo para mí. Es verdad que me interesa mucho el imacto en las mujeres jóvenes, en cómo impacta en su cuerpo y en cómo las condiciona Es una nueva manera de mercantilización de su cuerpo muy negativa. de adolescentes que compran maquillaje, productos de belleza, ropa, que entran en un mundo de lujo y de consumo continúa que las hace víctimas del capitalismo. Es cierto que puede haber un uso de ellas con una mentalidad feminista, pero que el cuerpo sea el centro de la representación y de la mirada, no me parece saludable. Pero ya digo, soy mayor para entenderlo, pero es un mundo que veo con ansiedad y horror. Creo que las mujeres jóvenes, como mis nietas y sobrinas, no pueden escapar de ello, les gusta. Supone una distorsión de la realidad, del tiempo y de la propia existencia, totalmente mercantilizada. Y a veces, me parece que los móviles son un sustituto fálico, al sostener estos objetos fálicos.

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