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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Algo en común

Aunque lo primordial es ahora acabar con el fuego en Portugal y salvar vidas allí y en Londres, llegará el momento en que alguien se tenga que hacer responsable, en nombre del Estado, de lo ocurrido en Pedrógao Grande y en Londres

Los incendios de Portugal y de Gran Bretaña no parecen tener nada en común, salvo sus terribles consecuencias, y sin embargo hay elementos comunes. Es verdad que uno es un incendio forestal, que convierte una carretera en una trampa mortal, y el otro es un fuego en una torre de 20 pisos en mitad de una gran metrópoli, Londres. Pero en los dos ha fallado la misma cosa: el Estado. ç

Según se van sabiendo los detalles del incendio de Pedrógao Grande se comprende que existió una formidable falta de información, que en muchos pequeños pueblos tuvieron que actuar por su cuenta y riesgo porque no existía un plan de evacuación eficiente. Falló la estructura de un Estado débil, que no había dedicado fondos suficientes a la prevención y a la puesta a punto de mecanismos, protocolos casi burocráticos, que resultan absolutamente necesarios para hacer frente al caos que provoca un incendio tan brutal.

En Londres también falló el Estado. En este caso porque no dispuso de los mecanismos suficientes, los protocolos, que permitieran detectar a tiempo al constructor capaz de revestir un edificio con material altamente inflamable simplemente para ahorrarse unos míseros euros.

El Estado existe, dicen los libros de textos, fundamentalmente como instrumento de protección de una sociedad. Es cierto que lo primordial es ahora acabar con el fuego en Portugal y salvar vidas allí y en Londres. Pero llegará el momento en que alguien se tenga que hacer responsable, en nombre del Estado, de lo ocurrido en Pedrógao Grande y en Londres.

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