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HISTORIAS A MEDIA MAÑANA

Postales

Si algo temo es el momento en el que alguien deja el trabajo, o cumple años, y nos pasan esa tarjeta gigantesca, horrible, que oscila entre el humor tonto y la cursilería más absoluta. Escribe algo, lo que sea. Lo que te salga del corazón

Si algo temo es el momento en el que alguien deja el trabajo, o cumple años, y nos pasan esa tarjeta gigantesca, horrible, que oscila entre el humor tonto y la cursilería más absoluta. Escribe algo, lo que sea. Lo que te salga del corazón.

A mí del corazón lo que me sale son las ganas de salir corriendo y de gritar que no conozco a Raquel, o a Mónica, o a Alberto de nada más que dos cafés en la máquina y del ascensor, y que no les deseo mal ninguno, pero tampoco me inspiran frases demasiado floridas. Hay expertos en dedicatorias: el que suele comprar la postal ocupa, muchas veces, líneas y líneas que me veo incapaz de emular. Me tienden el boli, me miran. Lo que sea, mujer. Lo que se te cruce por la cabeza.

Y entonces escribo cosas como que no tenga miedo (Raquel, Mónica o Alberto) a perderse por el camino, porque en mitad de la oscuridad es cuando brilla la luz interior. O que se esfuercen por ser sus mejores amigos, porque a nosotros, que lo hemos sido todos estos años, nos va a dejar atrás y que se tendrán siempre y solo a ellos mismos. Y otras cosas que me avergüenzan porque no sé ni cómo se me ocurren, ni si las pienso, pero que dejan a los demás muy satisfechos, y me dicen que debería imprimir esas palabras en una taza, o que si me despiden, siempre puedo dedicarme a escribir tarjetas. Y me callo, porque si les digo lo que me sale del corazón, la armo.

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