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Las cartas de súplica del exilio español

La historia de los refugiados españoles comienza en 1936. Desde los primeros bombardeos, miles de hombres, mujeres y niños tuvieron que huir y abandonarlo todo para poner a salvo sus vidas. La guerra les obligó a errar continuamente de casa en casa, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de país en país. Para todos ellos, la escritura se tornó imprescindible.

Cuando ya no les quedaban fuerzas ni esperanza para seguir, el envío de súplicas desesperadas a las autoridades, a los organismos asistenciales y a todas aquellas instituciones dispuestas a ayudar, les brindó la posibilidad de empezar de nuevo. Este libro recupera esos gritos de papel que los exiliados españoles escribieron desde los refugios, los campos de internamiento franceses y sus primeros destinos al llegar a México. Conocer el itinerario recorrido por las cientos y cientos de peticiones que nutren estas páginas es conocer el periplo de esta “España peregrina” y construir una historia diferente del éxodo del pueblo español, contada en primera persona, que permite demostrar cómo, a pesar de todas las derrotas, sus autores nunca se resignaron. Sus palabras son hoy la mayor prueba de su inagotable lucha, el mejor símbolo de su resistencia y una huella imborrable de su memoria.

A través de sus cinco capítulos, Gritos de papel, desentraña una historia diferente del exilio español, contada en primera persona por aquellos que no tenían un gran apellido bajo el cobijarse y que vieron en la escritura su mejor aliada. Los dos primeros capítulos muestran precisamente cómo los “exiliados del común” se sirvieron de la cultura y la escritura como un arma de resistencia durante las diferentes etapas de su éxodo. En primer lugar, se muestran las distintas etapas de las evacuaciones producidas en paralelo al desarrollo de la contienda para después centrarse en la reclusión de miles de españoles en campos de concentración situados en el suroeste francés y en la vida cotidiana dentro de los mismos. Una vida difícil marcada por la necesidad pero también por la esperanza y la lucha.

El poder de la palabra

Cartas personales, diarios, memorias y boletines de noticias, guían a la autora por un mapa de las diferentes escrituras que convivieron en los campos y que sirvieron a los exiliados para mantener su identidad, como un hilo que les unía con su pasado y que les permitía tejer redes hacia su futuro. En segundo lugar, la autora se ocupa del problema asistencial de los refugiados y refugiadas y de cómo desde diversos organismos de ayuda se orquestaron distintas medidas e iniciativas que pretendían socorrer a buena parte de esta población evacuada, prestando una atención especial a las importancia que adquirieron las cartas de súplica y de solicitud redactadas por los refugiados en dichos sistemas y en cómo fueron imprescindibles para sustentar los mismos.

En la segunda parte del libro compuesta por los capítulos 3, 4 y 5, la autora recorre la trayectoria de buena parte de los exiliados españoles y para hacerlo se sirve de tres estudios de caso concretos que nos trasladan a tres momentos, tres lugares y tres instituciones diferentes. Comienza por las evacuaciones interiores producidas en el 37 tras la caída del Frente Norte y por las peticiones enviadas a la Asistencia Social, delegación del Ministerio de Sanidad presidido por Federica Montseny. Son los primeros pasos de los evacuados españoles pero también sus primeras palabras desesperadas, el primer contacto con una tipología epistolar, la súplica, que iba a ser su inseparable compañera de viaje. El segundo lugar escogido es Francia, concretamente en el invierno de 1939 cuando tras la caída del Frente de Cataluña medio millón de españoles cruzó la frontera con los Pirineos en busca de auxilio. La mitad de ellos, alrededor de 250.000 fueron recluidos en campos de internamiento. Una de las vías que tenían para salir de los mismos fue que las instituciones de ayuda dependientes del gobierno republicano les eligieran para ser evacuados a un tercer país que les brindaba la oportunidad de ser libres, siendo México y Chile los destinos por antonomasia. Así, en este capítulo se analizan las miles de súplica escritas desde los campos y enviadas a Amaro de Rosal como dirigente de la UGT y como representante de dicha sindical ante el SERE (Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles), uno de los principales organismos de ayuda dependientes del derrotado Gobierno Republicano. Termina el periplo realizado en Gritos de papel en México, donde llegaron alrededor de 20 o 24.000 españoles y desde donde los exiliados volvieron a servirse de la pluma y del papel para elevar sus súplicas a la delegación del SERE en dicho país, el CTARE (Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles); solicitudes muy diversas en las que su petición más demandada era conseguir lo necesario para poder comenzar su nueva vida en el país azteca, sin olvidar, claro está, a los familiares y amigos que habían dejado en España y en Francia.

Un mundo de escritura que nos permite rastrear la huella de los exiliados anónimos y hacerlo a través de sus propias palabras. Palabras desesperadas que muestran la cara más agónica de cualquier episodio de éxodo, la de aquellas personas que son obligadas a abandonar su país, su cultura y su pasado y deben comenzar una nueva vida lejos de todo lo que hasta ese momento había sido su mundo. Un episodio que marca la historia de Europa y del mundo en el siglo XX y que, desgraciadamente, sigue persistiendo en pleno siglo XXI.

 

Fragmento del libro: Gritos de papel. Las cartas de súplica del exilio español (1936-1945)

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