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OBITUARIOMuere el fiscal general del Estado, José Manuel Maza

PALMERAS SALVAJES

Guardia por Miguel Ángel Blanco

Hace veinte años Miguel Ángel Blanco era de todos y fue enterrado por todos, con el mismo dolor. Hoy, sin embargo, hasta uno de los más importantes símbolos de la dignidad frente al terrorismo se diluye entre rencores, matizaciones y adversativas

Querer convertir a Miguel Ángel Blanco en una víctima más de ETA es querer privar a la sociedad de su mejor momento frente al terrorismo: su momento de mayor dignidad. Blanco es un símbolo por la reacción de la sociedad española a su muerte, especialmente la sociedad vasca. El asesinato de Miguel Ángel Blanco borró para siempre la peor miseria de ETA: aquella que obligaba quince años atrás a enterrar a los muertos a escondidas, aquella en la que los muertos eran los culpables y las familias debían marcharse.

 A Miguel Ángel Blanco lo mataron por ser concejal del Partido Popular y fue una víctima de ETA. No se celebra su condición de militante, sino su condición de víctima. Por tanto no hace falta posicionarse políticamente: sólo hay que hacerlo humanamente. Si el Ayuntamiento de Madrid hubiese colgado su foto en el balcón no lo habría hecho en homenaje al PP sino a un símbolo de la lucha antiterrorista y en recuerdo una gigantesca manifestación que desbordó Madrid. Eso es lo que deberíamos de recordar hoy: que hace veinte años Miguel Ángel Blanco era de todos y fue enterrado por todos, con el mismo dolor. Hoy, sin embargo, hasta uno de los más importantes símbolos de la dignidad frente al terrorismo se diluye entre rencores, matizaciones y adversativas.

La adversativa es el modo español que se ha encontrado para neutralizar algo que no conviene. Miguel Ángel Blanco sí, pero las demás víctimas también, y las demás violencias también. Miguel Ángel Blanco sí, pero era nuestro, era del PP, y nosotros elegimos cómo recordarlo, instrumentalizarlo y explotarlo para nuestro uso, aunque sea de forma ilegal.

Mira: la imagen más simbólica de aquellos días fue un ertzaintza sacándose la capucha y mostrando su rostro; un gesto de coraje. Hoy, de la vergüenza, nos deberíamos tapar todos. Y sin embargo no creo que debamos permitir que las miserias partidistas alcancen a los demás; la muerte de Miguel Ángel Blanco puso a la misma altura de decencia a los gobernantes y a los gobernados, pero si unos abandonan su puesto, los demás deberían seguir haciendo guardia.

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