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Precariedad crónica

"Nos estamos dejando los dientes royendo el hueso catalán al que en estos momentos no le queda sustancia informativa y estamos desatendiendo la escandalosa consolidación de la precariedad laboral"

Nos estamos dejando los dientes royendo el hueso catalán al que en estos momentos no le queda sustancia informativa y estamos desatendiendo la escandalosa consolidación de la precariedad laboral, que llegó disfrazada de emergencia con la crisis del 2008 y se ha quedado a vivir para siempre. En estos años la muy oportuna llegada de las nuevas tecnologías ha permitido asociarla con las exigencias de la modernidad, de manera que ha quedado blanqueada.

De nada sirve que hasta los cerebros del Fondo Monetario Internacional reclamen subidas de salarios y alerten de los riesgos de esta precariedad crónica, porque en estos últimos años se ha lesionado uno de los valores más profundos de la relaciones de trabajo: el sentido del compromiso del empleador con el empleado. Un viejo compromiso económico y psicológico que existió siempre en un grado en otro y que ahora se va reduciendo a polvo de burofax. Los contratos de cero horas, la uberizacion y lo que viene, significan el abandono del trabajador a sus propias fuerzas.

Ya hemos entrado en la tercera fase: en la primera creíamos que la precariedad finalizaría cuándo llegará la recuperación; en la segunda, que la recuperación todavía no alcanzaba a los más afectados pero que no tardaría en hacerlo; en la tercera, sabemos que nunca les alcanzará. Una brutal injusticia que para colmo se ha asegurado la impunidad porque ha logrado el sueño de todo atropello: parecer algo natural y no ser noticia.

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