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Visita cordial antes de la pelea

¿Pueden ser de alguna utilidad la cordialidad y el respeto que hoy hemos visto entre el Reino Unido y España o la purpurina regía no sirve para nada?

En circunstancias normales, la visita de los Reyes de España a Londres se hubiera limitado al tecnicolor del espectacular recibimiento que les brindó la monarquía británica -la monarquía por antonomasia- que, a decir verdad, tiró la casa por la ventana con su protocolo más exuberante: Corona recibe a Corona; fiesta de familia a mayor gloria de la institución.

Pero esta vez Felipe VI es además el jefe de Estado de un país de la Unión Europea en el momento en el que Europa como consecuencia del Brexit está tratando de reagrupar sus desordenadas filas y relanzar su cansado proyecto. Por eso, en su discurso en el Parlamento, no hablaba sólo el representante de España sino un miembro del club europeo que en breve va a iniciar una pelea durísima con los Comunes y los Lores que le escuchaban. Entre ellos Theresa May que hoy hace exactamente un año, orgullosa y desafiante, llegaba al 10 de Downing Street, veinte días después de su victoria en el referéndum del Brexit.

Si para cualquier negociación era muy mala su prepotencia de entonces, no es mucho más tranquilizador su desconcierto de hoy, después de doce meses desastrosos y su gran naufragio en las legislativas de abril. La pregunta es si en las tormentas que se avecinan pueden ser de alguna utilidad la cordialidad y el respeto que hoy hemos visto entre el Reino Unido y España o la purpurina regía no sirve para nada.

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