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LO QUE EL CINE NOS DEJÓ

El primer gran compositor norteamericano

El 11 de julio se cumplieron 80 años de la muerte de George Gershwin, uno de los mayores talentos musicales del siglo XX. Además de su vertiente de compositor clásico Gershwin tenía otra eminentemente popular.

George Gershwin compuso para las salas de concierto pero también para los teatros y cines y fue autor de infinidad de canciones que son ya clásicos de la música norteamericana. Estas canciones y melodías llenan centenares de películas. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, el comienzo de “Manhattan” de Woody Allen a los acordes de la Rhapsody in blue. Muchas de sus comedias para el teatro se adaptaron posteriormente al cine e incluso compuso directamente para películas. Además, su obra ha dado pie a dos de los musicales más notables de la historia del cine como son “Porgy y Bess” y “Un americano en París”.

“Swanee”, una canción interpretada por Al Jolson, fue su primer éxito en el año 1918. A partir de ahí George Gershwin se convertiría en uno de los reyes del Broadway de los años 20 con revistas musicales como “La, LaLucille” o “Lady be good”. Pero el compositor deseaba abordar otro tipo de trabajos más serios y fue así como llegaría su “Rhapsody in blue” que influiría notablemente en compositores posteriores. En un país como Estados Unidos que siempre había dependido en el ámbito musical de los compositores europeos, Gershwin fue el primero en representar una música genuinamente estadounidense.

Gershwin era un músico intuitivo que había aprendido a tocar el piano de forma autodidacta pero también era consciente de sus numerosas lagunas técnicas. Así que viajó a Francia para aprender. Intentó que Stravinsky le aceptara como alumno pero este creía que su conocimiento intuitivo de la música era suficiente. Tampoco Ravel quiso ser su profesor. A falta de clases, en París Gershwin trabajó duro; compuso su concierto para piano y poco después la que habría de ser otra de sus obras magnas. De su experiencia personal y de su añoranza del hogar nació “Un americano en París”.

Ya consagrado como músico serio el compositor regresó a Estados Unidos y volvió a componer para los musicales teatrales. Durante los años 30 Gershwin ganaba fortunas componiendo para espectáculos de Broadway como “Funny face” o “A ti te canto”, alternándolo con trabajos más serios como su “Segunda Rapsodia para Piano y Orquesta” o su ópera “Porgy y Bess”, ambientada en una comunidad negra en el sur de Estados Unidos y en la que mezclaba la música clásica europea con el jazz y la tradición folklórica afro-americana. “Porgy y Bess” resultó polémica en su día pero hoy se la considera la ópera estadounidense por antonomasia.

A mediados de los años 30 Gershwin abandonó Nueva York y se trasladó a vivir a Hollywood. Allí continuó su labor de concertista con la Filarmónica de Los Ángeles al tiempo que componía para películas como “Ritmo loco”, “Señorita en desgracia” o “Nacida para la danza”. El músico estaba en la cúspide de su carrera. Sin embargo un día, durante un concierto, sufrió un desmayo. En los días siguientes comenzó a experimentar frecuentes dolores de cabeza y mareos pero los análisis no revelaron ninguna causa aparente. El médico le recetó reposo y Gershwin pareció encontrarse mejor. Pero un día mientras navegaba en su yate sufrió un colapso y entró en coma. Fue entonces cuando le descubrieron un tumor cerebral. Iban a operarle de urgencia pero no dio tiempo. El 11 de julio de 1937 George Gershwin fallecía a los 38 años de edad privando a la música universal de uno de los grandes genios del siglo XX.

 

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