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Sir Austen Henry Layard

Este verdadero sabio del siglo XIX pasa por ser uno de los arqueólogos más importantes de su época. Su dedicación a la arqueología se compaginaba con otras inquietudes intelectuales como la diplomacia, la política, las letras en general y el arte, aspectos que también fueron denominador común de otros grandes arqueólogos de su momento.

Sir Austen Henry Layard (1817-1894) nació en París en 1817. Hijo de Marianne Austen y Peter John Layard, nuestro protagonista creció en la ciudad de Florencia rodeado de las obras de arte más importantes del Renacimiento.

Pero si es conocido por algo Layard en el mundo de la arqueología es gracias a sus trabajos en Mesopotamia y el descubrimiento de Nínive. Su primer contacto con el terreno lo vive en el año 1840 cuando junto a su compañero de viaje, Edward Mitford, alcanzan Mosul topándose con algunas de las ruinas más espectaculares del mundo antiguo.

En este primer viaje, que relataría casi una década después de forma apasionada en su obra Nineveh and its reminds (1849), Layard describe las sensaciones que vivió cuando contempló por primera vez las ruinas de Nínive y de Nimrud.

A finales del año 1845, Layard comienza sus excavaciones en la ciudad de Nimrud. En este lugar descubrió varios monumentos reales y textos cuneiformes que le llevaron a pensar que había descubierto la ciudad de Nínive, la gran capital del mundo asirio. Todo su trabajo quedó reflejado en la obra Discoveries in the Ruins of Nineveh and Babylon (1853).

Paso por la política

Después de su vuelta a Londres tras una ausencia de ocho años, su licenciatura en la Universidad de Oxford y su paso por Constantinopla, Layard nunca regresó a su ciudad de Nínive. Sus excavaciones en Nimrud, muchos de cuyos relieves hoy pueden verse en el Museo Británico de Londres, fueron la prueba definitiva que evidenciaba la sofisticación de la cultura mesopotámica la cual, a la par que la egipcia, brilló con especial esplendor en la Antigüedad.

Como se ha llegado a decir, el trabajo arqueológico de Layard no duró mucho aunque gracias a su obra podemos conocer gran parte del legado mesopotámico. Tras ello, regresó a la política, obtuvo un escaño en el Parlamento como miembro de Aylesbury por el Partido Liberal. No obstante, este abandono de la arqueología de campo no le impidió seguir escribiendo libros de las notas extraídas de sus cuadernos de excavaciones.

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