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LA FIRMA

Un verano de oportunidades perdidas

El subdirector de Hora 25 despide la programación del verano con una reflexión sobre las oportunidades perdidas de estos meses

Pues se acabó. Ha pasado otro verano, esta es la última noche que me cuelo allí donde estáis (después de siete semanas, permitidme el tuteo) y ahora que esto se acaba, podemos escribir el epílogo.

Este ha sido un verano de oportunidades perdidas. Es difícil desprenderse de la sensación de que este país no puede o no sabe afrontar algunos debates de fondo sin acudir a las banderías. Y cuando eso ocurre, la discusión se encona, se politiza hasta el extremo y se reduce a un mero intercambio de dogmatismos.

Perdimos la oportunidad de ocuparnos con rigor y cierta serenidad del turismo convertido en un problema para la convivencia ciudadana. Cuando el debate comenzaba a despuntar, cuando pasó a ocupar tribunas públicas y se fue extendiendo la convicción de que ese es un mercado que no se puede alimentar desde la voracidad, justo entonces, llegaron algunos actos de violencia, los escraches turísticos, se radicalizó la discusión y acabó desapareciendo.

Desperdiciamos la oportunidad que suponía la huelga de los trabajadores de Eulen en El Prat. Nos enfrentó a la discusión sobre la responsabilidad del estado en el control de las condiciones laborales de ciertos sectores externalizados. Pero primero llegó la política y después la Guardia Civil.

Perdimos la oportunidad de afrontar un debate menos visceral sobre las implicaciones del caso de Juana Rivas. Con su acto de rebeldía judicial desplazó el foco del debate y con algunas de sus declaraciones, sus cartas acompañadas de fotografías pixeladas de sus dos hijos, cebó el tratamiento efectista y con ribetes de espectáculo en ciertos medios, sobre todo en algunas televisiones. Cuando debías debatir sobre la protección más efectiva para los menores que viven o han vivido en hogares con maltrato, cuando debíamos hablar sobre la ley estábamos discutiendo sobre una fuga.

Y llegados a este punto. Tengo la sensación de que vamos a ser tan necios como para desperdiciar la oportunidad que, por muy doloroso que resulte, ofrecen los atentados de Barcelona y Cambrils, de repensar lo sucedido, analizar los errores cometidos y mejorar la protección de la ciudadanía. Tan necios y tan irresponsables.

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