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La firma de Àngels Barceló

Yo también estoy triste y avergonzada, Francino

La directora de Hora 25 reflexiona sobre el espectáculo visto este miércoles en el Parlament de Catalunya

En Catalunya, los independentistas llevan mucho tiempo hablando de jornadas históricas. Las manifestaciones del 11 de septiembre, la convocatoria de la consulta del 9-N, la propia consulta, todos y cada uno de los pasos que se han hecho hasta llegar al día de hoy. Y el de hoy, evidentemente, era otro de ellos. Histórico sí, pero no por lo que los independentistas le llaman así. Histórico por el espectáculo que se ha vivido en el Parlament de Catalunya.

Se ha admitido a trámite la Ley del Referéndum, que a esta hora se debate y que tiene que ser votada. Admisión a trámite en medio de una bronca por la forma cómo los independentistas han querido hacer un trámite cuyo objetivo final es, ni más ni menos, la independencia de Catalunya. Con secretismo, vulnerando todas las normas de la Constitución hacia abajo, incluido el propio Estatut, ignorando advertencias como las del Tribunal de Garantías, y cercenando los derechos de la mitad del Parlament, de la oposición. Y todo ello bajo la dirección de la presidenta del Parlament que ha olvidado que preside una cámara donde están representados todos los catalanes. Todos, los suyos y los otros.

Los que apelan a la democracia para legitimar sus fines, vulnerando hoy las más básicas normas de esa democracia. Déjenme que les diga que hoy no reconozco a esa Catalunya, la del seny, la del sentido de estado, la políticamente seria, la puntera, la europeísta.

La independencia es una reclamación legítima, pero para llegar a ella hay que seguir los cauces que marcan las normas y, si estas lo impiden, trabajar para que cambien. Pero el camino no debe ser nunca el tomado hoy. Aunque se esté a favor del derecho a decidir, no se puede legitimar lo que ha pasado hoy en el Parlament.

El daño hecho a la convivencia y a las instituciones en Catalunya costará años en curar. Francino, yo también estoy triste y avergonzada.

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