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PALMERAS SALVAJES

Mal día para ella, día cualquiera para él

La diferencia entre un hombre y una mujer hoy es lo que le hubieran dicho a Albert Rivera y lo que le han dicho a Inés Arrimada, en el mismo tono y con la misma violencia

Yo no creo que estos sucesos ruidosos que han ocurrido en Cataluña tengan que ver con el proceso soberanista ni haya que asociarlos a él. Xavier García Albiol ha sido un xenófobo siempre. No es un político con problemas de xenofobia sino un xenófobo con problemas de política. Lo que la ha dicho a Pisarello se lo dice con procés o sin procés, es lo que piensa y lo que su partido sabe que piensa. Si Cataluña se va de España y Albiol se queda atrapado dentro, lo que le ha dicho a Pisarello se lo empezará a decir los españoles en seis meses.

El comentario que recibe Inés Arrimadas en Facebook, y que ella luego denuncia en público, es una de esa expresiones tan familiares que se dan cuando la discrepancia política se lleva al terreno de la violencia de género: como no estoy de acuerdo contigo, ojalá te violen en grupo. No voy a definir este comentario porque se define solo. Como en la vida hay que ser coherente, recuerdo que defendí aquí a Cesar Strawberry, imputado por la Audiencia Nacional, porque sus comentarios en FB expresaban deseos irrealizables. Las expresiones ella y él no tienen nada que ver salvo en un punto: no son amenazas reales.

La empresa en la que trabajaba esta mujer anunció que ya había sido despedida: los actos públicos tienen consecuencias públicas. Arrimadas, que tiene una proyección mediática extraordinaria, pudo pensar un segundo en las consecuencias que tendría difundir un comentario así. Me ha gustado en este sentido un apunte de Juan Soto Ivars en El Confidencial porque es algo que pienso a menudo cuando ocurren estas cosas: la autora de ese comentario pudo tener un mal día, se le pudo morir el gato, está pasando por una depresión, yo qué sé. No creo que nadie deba ver su vida arruinada por un comentario en Facebook, por despreciable y vomitivo que sea.

Pero ocurre otra cosa: Inés Arrimadas también pudo tener un mal día, a lo mejor ha tenido un grave problema personal, a lo mejor alguien la insultó por la calle, a lo mejor estaba al borde de explotar cuando se encontró en Facebook a una descerebrada deseando que la violasen en público. Póngamonos en el lugar de la culpable convertida luego en víctima, sí, pero no pasa nada también por ponerse en el lugar de la víctima original. Y de paso, ya que estamos, pongámonos en el lugar de las decenas de víctimas anónimas, todas mujeres, que reciben en redes no deseos repugnantes sino amenazas reales, serias, llenas de insultos y odio, y que al no tener la relevancia de una figura pública pasan inadvertidas por medios y Fiscalía.

Otra cosa, por acabar. Cuando se ataca a una política en redes suele hacerse en los términos conocidos ayer: eres una prostituta, eres fea, no sabes vestirte, tienes que irte a la cocina. Cuando se ataca a un hombre se le llama nazi, fascista. A los dos se les insulta y caricaturiza: al hombre por sus ideas, desvirtuándolas, falseándolas; a la mujer, por mujer. La diferencia entre un hombre y una mujer hoy es lo que le hubieran dicho a Albert Rivera y lo que le han dicho a Inés Arrimada, en el mismo tono y con la misma violencia.

 

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