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La polémica del día

¿Los límites en las redes son sólo para algunos?

Tendríamos que trabajar con decimales para saber si es más grave el brutal deseo de la internauta o las brutales acusaciones de los políticos

El pasado fin de semana una mujer volcó todo su odio en su perfil de Facebook contra la dirigente de Ciudadanos Inés Arrimadas por oponerse al referéndum catalán en un programa de TV. Le llamó “perra asquerosa” y le deseó que "la violen en grupo, porque no merece otra cosa”. La diputada denunció el ataque en la red, a la autora del impresentable vómito le llovieron mensajes semejantes al que ella había escrito, tuvo que cerrar sus perfiles virtuales y hasta fue despedida de la empresa para la que trabajaba.

El mensaje de esta internauta es inaceptable por lo brutal del deseo y por la banalización de una violencia tan extrema. Se podría discutir si las consecuencias han sido o no desproporcionadas, lo que es indiscutible es que las consecuencias sobre lo que se vuelca en la red son asimétricas. Hace unos días el alcalde de Alcorcón, David Pérez, acusaba en Twitter a Ada Colau de haber “allanado el camino a los terroristas” que atentaron en Barcelona, y un diputado del PP, Eloy Suárez, acusó en la misma red a los Mossos de “no hacer nada para impedir 16 muertes y 100 heridos”. Tendríamos que trabajar con decimales para saber si es más grave el brutal deseo de la internauta o las brutales acusaciones de los políticos. La diferencia es que estos últimos siguen ejerciendo de alcalde y de diputado, respectivamente. Así que, como en términos históricos estamos aún escribiendo el génesis de las redes sociales sería conveniente que nos pusiéramos de acuerdo en sus límites y en las consecuencias de sobrepasarlos, no vaya a ser que estemos creando una aristocracia del insulto que disfruta de una impunidad de la que no goza el pueblo llano.

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