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La firma de Iñaki Gabilondo

Ruptura consumada

Lo que se avecina va a ser duro, lo que se avecina puede ser muy peligroso. Se consumó la ruptura, se consumó el mayor fracaso de la democracia española

Ayer nos pasamos el día siguiendo de cerca la sesión del Parlament, sesión caótica, embarullada, de vergüenza ajena, como si se estuviera dirimiendo la batalla decisiva, como si la victoria parlamentaria de unos o de otros fuera a determinar si habría o no habría cisma, cuando eso estaba ya decidido de antemano, como se puso en videncia en un espectáculo de parcialidad y de dislocación de las normas que producía bochorno. Nos resultaba imposible reconocer la Cataluña que tanto admiramos.

Por la tarde un prohombre catalán me dijo: “Soy independentista, pero así y con estos, adónde vamos”. Yo pensaba: “Yo no soy independentista, pero con los que han permitido que esto llegue hasta aquí sin hacer nada, adónde vamos”. A mí me hubiera gustado que el Gobierno español hubiera por lo menos estudiado la posibilidad de autorizar el referéndum, pero no lo hizo, y enfrente el soberanismo creyó posible driblar con ingeniosas argucias el marco legal vigente y saltar limpiamente a una nueva legalidad, una ensoñación que predicó con gran imprudencia. Muchos creyeron que se trazaba un camino rápido, sencillo y sin riesgos que pronto verán que no es así.

Desde ayer el desafío ya es oficial. A partir de ahora en este septiembre histórico que se presenta terrible, con todas las cartas al descubierto, mediremos por un lado la capacidad coercitiva del Estado y por otro la determinación de la ciudadanía soberanista de seguir adelante contra viento y marea. Para empezar, el lunes en la Diada. Lo que se avecina va a ser duro, lo que se avecina puede ser muy peligroso. Se consumó la ruptura, se consumó el mayor fracaso de la democracia española

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