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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Precedente lamentable

El sentido común indica que no es posible avanzar en ningún proyecto nacional si no se logra alcanzar un consenso básico entre las distintas fuerzas políticas que integran esa sociedad y si no se establece un nivel adecuado de participación ciudadana

¿Es posible aprobar una ley que pretende actuar como una Constitución transitoria catalana en un Parlamento en el que casi la mitad de los escaños están vacíos porque la oposición en pleno los ha abandonado? ¿En qué país del mundo se aceptaría un texto fundacional en cuyo debate no ha participado la oposición y que ha sido aprobado en circunstancias semejantes?

El sentido común indica que no es posible avanzar en ningún proyecto nacional si no se logra alcanzar un consenso básico entre las distintas fuerzas políticas que integran esa sociedad y si no se establece un nivel adecuado de participación ciudadana. Parece que ninguno de estos argumentos pesa sin embargo en la balanza de Junts pel Sí (es decir, en los dirigentes de la antigua Convergencia), de Esquerra Republicana y de la CUP; dispuestos a hacer aprobar la llamada Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República pese a que sea rechazada por la oposición en pleno y a dar por válido el resultado de un referéndum de independencia, sea cual sea el nivel de participación que se registre.

Pasará lo que pase, pero como dijo ayer Joan Coscubiela, que fue secretario general de Comisiones Obreras de Cataluña durante largos años y diputado de Izquierda Plural, el debate que está teniendo lugar estos días en el Parlamento catalán no reúne las condiciones democráticas imprescindibles, dejará inevitablemente una huella y sentará un precedente lamentable. Para los catalanes y para todos los españoles.

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