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¿El final de la cuenta atrás?

El escritor norteamericano publica '4,3,2,1' (Seix Barral)

Momento de la entrevista en 'A Vivir'. /

Auster ha reconocido en alguna entrevista que tal vez ésta sea su última novela. "Sé que el tiempo que tengo es cada vez menor, y eso no hay manera de evitarlo. Mentalmente me siento igual que hace 30 años, pero físicamente no. Me duelen las rodillas cuando intento levantarme del sofá, probablemente por culpa del baloncesto que jugué de joven. Me duelen los hombros. Me duelen cosas. Como dice un buen amigo: si tienes más de 60 años y cuando te levantas por la mañana no te duele nada, es porque estás muerto".

Llevaba siete años sin publicar ficción. "He tardado tres años y medio en escribir este libro. Pero desde mi última novela he publicado otros tres libros: dos autobiográficos (Diario de Invierno e Informe del Interior), también hice un libro de cartas con John Coetzee, el escritor sudafricano, que es buen amigo. Así que he estado ocupado. Luego empecé esta novela, creo que en el 2013, y la acabé en el 2016. Pero tengo que decir que escribir es algo agotador. Me encierro en mi pequeña habitación, empiezo, y cuando he acabado, 7 o 8 horas después, siento como si hubiera estado todo el día corriendo. Mentalmente cansado, físicamente cansado, emocionalmente cansado. A veces no puedo casi ni moverme".

Cuatro vidas para un mismo personaje.

El protagonista de la novela, Archie Ferguson, tiene diferentes biografías a partir de distintos golpes del azar. "Yo lo veo como la combinación del material genético innato con la fuerza de las circunstancias externas. Los cuatro chicos de la novela son idénticos, son físicamente el mismo, nacidos de los mismos padres. Pero en cada una de las historias las circunstancias son distintas. En la primera parte del libro, gran parte de lo que pasa tiene que ver con cuánto dinero están ganando sus padres, si a la familia le van las cosas bien o mal. Eso determina cómo se desarrolla Ferguson. Más adelante pasan cosas. Cosas inesperadas. Y creo que todas las vidas se ven afectadas por lo inesperado. Creo que el libro indaga en el hecho de que no podemos separar una cosa de otra. Formamos parte del mundo en el que vivimos, y el mundo nos define tanto como nuestro material genético".

La novela es claramente una obra de madurez. Auster echa la vista atrás y da su particular visión sobre lo que ocurrió en los Estados Unidos (y por ende, en el mundo) en los 50, 60 y 70 del siglo pasado. "Dudo mucho que hubiera podido ni siquiera intentar escribir este libro antes. Es un libro que mira hacia atrás. Se necesita mucho tiempo para poder juzgar el pasado. No quiero comparar mi libro con el suyo, porque ni siquiera es tan largo como es Guerra y Paz de Tolstoi, pero Tolstoi escribe ahí sobre acontecimientos que ocurrieron 50 años antes. Es un poco lo mismo que en mi libro, y creo de hecho que hace falta en torno a medio siglo para entender una era determinada. Y para los padres, por supuesto es crucial; los padres son los seres fundamentales en la vida de todo el mundo. Yo lo que he hecho aquí es explorar cuatro variaciones diferentes de cuatro personas que son en realidad el mismo hijo de los mismos padres. Pero cada uno de ellos acaba siendo diferente".

Paul Auster y Archie Ferguson. Al leer '4,3,2,1', los seguidores de Auster se preguntan cuánto hay de autobiográfico en esta novela.

"Es muy interesante esa línea entre ficción y autobiografía. Claro que Ferguson tiene mi edad y compartimos la misma cronología. Y claro que Ferguson comparte conmigo la misma geografía, crece sobre todo en Nueva Jersey y luego vive en ciudades en las que yo he vivido. Así que son sitios que yo conozco bien. Las películas y los libros que aparecen en la novela son las que para mí han sido importantes. Pero no soy el único que ha hecho esto. Una película como Los Hijos del Paraíso, muy popular entre la gente de mi generación, en la mitad de los años 60, afectó a mucha gente. Me encantó la película cuando era adolescente, y a Ferguson 3 le encanta cuando la ve por primera vez. Cuando tenía 7 años, vi por televisión a Willy May, coger esa famosa pelota en un partido de béisbol. He vivido el asesinato de Kennedy, cosa que también está en el libro; el discurso de Martin Luther King... Todas las cosas que han pasado en la América en la que yo he crecido están ahí. Y también he robado cosas de mi propia vida. Por ejemplo, el apartamento de los abuelos en Nueva York. He robado el apartamento de mis abuelos en la 54 Oeste, donde vivían. Para los espacios interiores, ayuda mucho usar lugares que conoces para imaginar a los personajes de ficción moviéndose en ese espacio real. De alguna manera eso les da más solidez. Es una ayuda a la hora de escribir".

¿Por qué '4,3,2,1'?

"El primer título para mi novela iba a ser Ferguson. Pero cuando llevaba un año y medio escribiendo el libro ocurrió ese terrible incidente en un sitio del que nunca había oído hablar; nadie en el mundo había oído hablar de Ferguson, Missouri, ni siquiera en EEUU. Pero allí nos enteramos de que un policía blanco mató a un joven negro desarmado, lo que provocó una indignación tremenda en la sociedad, otro ejemplo del conflicto racial en EEUU. El nombre de Ferguson, como ciudad, se ha unido a la lista de nombres de lugares en los que han ocurrido conflictos raciales, Como Birminghan, Selma, Montgomery... y ahora Ferguson. Así que tuve que cambiar el título, si no cualquier lector en EEUU habría pensado que el libro se centraba en ese acontecimiento".

Esta cuestión nos da pie para hablar sobre la inmigración. Parece que muy pocas cosas han cambiado desde que los recién llegados a Estados Unidos tenían que pasar toda clase de penurias para poder superar los controles de la Isla de Ellis.

"A lo largo de toda la historia de EEUU ha habido esta visión sobre la inmigración. Parece que vamos hacia atrás y hacia adelante en el tema de la inmigración: a veces parece que el país quiere que vengan inmigrantes, especialmente a finales del siglo 19, cuando se estaba expandiendo la industrialización y necesitábamos más trabajadores; las puertas estaban abiertas para ellos. Cada ola de inmigrantes que llegaba –los irlandeses, los italianos, los judíos, los griegos, quien fuera- sufría abusos tremendos por parte de la gente que ya estaba en el país. Este "America First" siempre ha existido, la visión de la América blanca. Ellis Island se cerró en 1924. Allí acabó la inmigración a Estados Unidos hasta los años 60: durante 40 años, no dejábamos entrar a nadie. En ese momento, la actitud volvió a cambiar y llegaron nuevas olas de inmigrantes, mayormente hispanos, gente que hablaba español, y también asiáticos. Mire: yo personalmente creo que es fantástico. Estados Unidos es siempre un país mejor cuando incluimos a todos, y esa es una de las cualidades más positivas del país. Pero el miedo, el odio y el racismo siempre nos han acompañado, y Trump personifica todo esto. Él es representa ahora la antipatía hacia el otro, que es algo muy profundo en muchas culturas, no sólo en la estadounidense. Es tan feo escucharle hablar, porque dice cosas tan abrumadoramente falsas que son bochornosas".

Para Auster, ese rechazo al otro, al extraño, no ha hecho sino crecer en los últimos años.

"Creo que ahora incluso hemos llegado a un punto en el que la gente se declara abiertamente racista, lo cual es algo nuevo. El partido neonazi parece crecer en EEUU. He visto recientemente al líder de otro partido, de inspiración nazi, decir públicamente: 'nuestro primer objetivo debería ser echar a todos los judíos de EEUU. Lo segundo, coger a todos los negros y ponerlos a todos en dos o tres estados, lejos de nosotros. Así estarían aislados sin tener que echarlos´.

Y por supuesto, Trump

"Este hombre es de Nueva York, como yo. Le hemos estado observado desde hace décadas. Y siempre ha sido una persona peligrosa. Incluso en un caso que seguramente no fue conocido en España, el caso de 'los cinco de Central Park´. Una mujer que corría por el parque fue atacada por un grupo de jóvenes. Detuvieron a cinco jóvenes negros y fueron condenados y encarcelados por aquello. Trump pidió públicamente para ellos la pena de muerte, que fueran ejecutados. Y resulta que todos eran inocentes; la sentencia acabó siendo anulada y fueron excarcelados. Trump nunca pidió perdón, nunca se desdijo".

"Más tarde, cuando Obama fue presidente, Trump se metió en política nacional para hacer algo tan feo como tratar de demostrar que Obama había nacido fuera de EEUU y que por tanto no podía ser presidente porque no era un ciudadano americano. Quería deslegitimar su presidencia. Yo creo que él ha aprendido de Joseph Goebbels, el ministro de información y propaganda de Hitler, que si repites una mentira una y otra vez, la gente empieza a creerte. Se la llama la 'teoría de la mentira´, y es lo que hizo Trump, un año tras otro. Primero sólo el 2% de los estadounidenses pensaba que lo que decía era verdad, pero luego las cifras aumentaron, y a los 6 o 7 años, entre el 35% y el 40% de la gente creía que Obama no había nacido en EEUU. La cosa se fue tanto de las manos que Obama, al final, después de haber intentado ignorar el tema, hizo público su certificado de nacimiento, en el que figuraba dónde había nacido. Y otra vez Trump no pidió nunca disculpas. Así que sabíamos qué tipo de persona era antes de que se presentase a presidente".

"Luego, durante la campaña, demostró ser un racista, misógino... un ser humano repugnante. Pero no culpo a Trump por ser quién es. Lo que no puedo entender es que 63 millones de estadounidenses le hayan votado. Que el 53% de las mujeres blancas le hayan votado. Eso para mí es algo que todavía no tiene sentido. Parece inconcebible que haya podido pasar, y demuestra que el país está metido ahora mismo en un enorme problema. Es la personificación de nuestro problema, y al ser un individuo tan demencial, que miente todo el rato, está haciendo que el problema sea aún mayor".

"Cabe preguntarse cuál ha sido la reacción de los intelectuales norteamericanos ante las barbaridades dichas y hechas por su presidente. "Lamentablemente en Estados Unidos no escuchamos a nuestros intelectuales, no nos interesan. A los escritores no nos hacen las preguntas que me están haciendo hoy ustedes. No pasa nunca. Los escritores no salen en televisión, no salen por la radio, y si salen es sólo para hablar de sus libros, nada más. Siempre ha habido esta corriente antiintelectuales en EEUU, está ahí desde el nacimiento del país. En este lugar inmenso en el que viven 320 millones de personas, o más, no sé cuántos leen alguna vez, pero digamos que son un millón. Es verdad que es un número alto por sí solo, pero en realidad es una fracción pequeña del país. Ése es el papel que juega la literatura en la cultura: pequeño. En EEUU a quien nos gusta escuchar es a los actores de cine, son nuestra familia real".

Una reflexión sobre el periodismo. Leemos en la novela: "Ser periodista significaba que jamás podría ser la persona que arrojaba el primer ladrillo contra la ventana para empezar la revolución". Le pedimos al autor que complete esa reflexión.

"Nunca he sido periodista. He escrito en periódicos, pero sobre libros o películas, cosas así, pero nunca he sido un reportero. Pensé mucho en ese chico que quiere dedicar su vida al periodismo, y de alguna manera piensa que vive en una casa de cristal. No puede participar en los acontecimientos que presencia como observador. Lo puede ver todo, pero si cruza la línea y entra en el terreno de la acción, deja de ser un periodista y se convierte en un activista u otra cosa. Para él esto es una frustración, porque siente el impulso de querer lanzar el ladrillo a la ventana, pero sabe que si lo hace estará rompiendo las normas de su profesión. No sé lo que piensa usted como periodista... ¿Tengo razón? ¿Reflejo correctamente lo que siente un periodista...?"

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