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El editorial de Pepa Bueno

Otra meta volante

El famoso suflé de Rajoy no ha bajado, y aquí estamos tratando de volver a meter el gas en la botella. El gas estaba ahí desde antes, pero lo agitó el recurso del PP al Estatut

Siempre, pero especialmente desde hace seis años, la Cadena SER en pleno se ha trasladado a Cataluña en la Diada, conscientes del reto político que le estaba creciendo a España desde el 2012. Año a año hemos venido aquí donde estamos hoy, a Barcelona, tratando de comprender, y nos hemos vuelto diciendo que no se podía ignorar el apoyo popular que las tesis soberanistas e independentistas iban ganando.

Hoy ya estamos en el día después de la Diada 2017, otra más, multitudinaria, festiva, pacífica, pero que en su manifestación principal solo convocaba a la mitad de los catalanes. El famoso suflé de Rajoy no ha bajado, y aquí estamos tratando de volver a meter el gas en la botella. El gas estaba ahí desde antes, pero lo agitó el recurso del PP al Estatut y la sentencia del Constitucional del 2010, lo azuzó la crisis económica y el sálvese quien pueda de una parte de la dirigencia catalana atrapada en la misma telaraña de corrupción que sus tantas veces socios populares. La historia y las urnas pasaran en algún momento sus facturas: la democracia es lenta, pero casi nadie escapa a su veredicto.

Pero ahora lo urgente es mirar al presente y al futuro inmediato porque la peligrosa espiral en la que estamos no ha cambiado nada. No la barre una multitud en la calle convocada para apoyar un proyecto que divide. Nuestro Estado de Derecho, imperfecto, mejorable, pero incomparable con ningún otro momento de nuestra Historia, no se va a detener. El referéndum está suspendido por el Tribunal Constitucional. La Generalitat sigue adelante con sus planes de celebrarlo. Hoy mismo el Tribunal puede suspender la Ley de Transitoriedad y la Fiscalía ha convocado a Policía, Guardia Civil y Mossos para analizar las querellas que ha presentado. Ayer se volvió a llamar explícitamente a la desobediencia y la insumisión en la manifestación de la Diada.

En estas circunstancias, todos los extremos se abonan al cuanto peor, mejor, y exigen sacar músculo. Pero ya sabemos de sobra quién paga al final los platos rotos cuando se juega con fuego. No necesitamos pirómanos, necesitamos bomberos, firmes, pero bomberos.

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Cadena SER

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