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PALMERAS SALVAJES

Risas y delitos

Si estampas a tu hijo contra una estantería lo secundario es que lo grabes, que lo cuelgues y que ganes dinero con ello. El centro de la cuestión es que tu hijo es el instrumento de tus humillaciones

De la noticia de esos padres condenados por gastar bromas pesadas a sus hijos en Estados Unidos me sorprende que se insista en que utilizaron los vídeos publicados en Youtube para lucrarse. Si estampas a tu hijo contra una estantería lo secundario es que lo grabes, que lo cuelgues y que ganes dinero con ello. El centro de la cuestión es que tu hijo es el instrumento de tus humillaciones: no tu hijo de 16 años, que siempre te puede devolver la bofetada o denunciarte, sino un niño de nueve años en edad de pensar que el mundo es así: dos padres tarados riéndose de ti todo el rato. Un buen castigo para esos padres sería no ingresar en la cárcel sino obligarles a vivir con esos niños hasta que ellos cumplan 40 años. Para que vean y sufran el resultado de su obra.

 Cómo se sabe, animaban a sus hijos a pelearse entre ellos, les insultaban o les rompían sus juguetes. Pero lo hacían por las risas. Es curioso cómo la reacción del agresor a veces aspira a cambiar la percepción que se tiene de la agresión. Si ahora un compañero entra en el estudio, me pega una bofetada y acto seguido se ríe y dice que es una broma, parece que yo me tengo que reír para tener sentido del humor y vosotros tendríais una especie de alivio, en plan: pensábamos que había pasado algo. La bofetada es igual que si me la diese cabreado, yo me la tengo que comer de otra forma. ¿Esto qué significa? Que las agresiones de esos padres a sus hijos tenían un público masivo en internet porque estaban catalogadas como bromas. Si estuviesen catalogadas de otra forma y ellos les hicieran eso a sus hijos sin ánimo de reirse, hubieran durado unas horas. Hay mucho público idiota, pero el peor público es el que piensa que se está riendo cuando en realidad está siendo cómplice necesario de un delito.

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