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Ahora el mundo ya no es el mismo

Y lo digo entre la alegría y la tristeza. Ahora nace de entre mis entrañas un ser nuevo. Ahora, que escribo desde la prudencia de los días, bajo una luz familiar y con la mirada cambiada pero brillante y esperanzada, puedo decir que en África, en el continente en el que la vida es un milagro, en su misterio, en su magia y en su luz, me he dejado un trozo del alma, sin embargo, me he llevado más de lo que he dejado y mucho más de lo que podía soñar.

El viaje ha despertado el espíritu que dormía en la comodidad de la sociedad sedentaria y el amanecer ha causado un cambio irreparable, el espíritu despierta esperanzado y nómada, y el alma se caldea con la llama del viaje, de la exploración. Ahora parece brillar el ansia salvaje de libertad. Un grito de justicia y de humanidad estremece el ser y ante la verdad innegable que vieron los ojos uno no puede volver a ser el mismo. España Rumbo al Sur te despierta. Te cambia. España Rumbo al Sur es el comienzo del cambio.

El viaje, el amor por descubrir, la inquietud, el ansia de cosas nuevas, son inherentes al ser humano y forman parte esencial de su ser más salvaje, por eso acercar al hombre moderno al viaje como era antes, dormir en el suelo, malear los horarios a la acción del viaje, depender de la situación y perder ese control sobre el mundo hacen que se desate en uno lo más natural de sí mismo.

Ahora acuden en tropel los recuerdos desorganizados a mi mente. El viaje comenzó en España pero no se desató hasta ver el pasaporte sellado. África es un continente extraño y misterioso. Los ritos y la magia. Las creencias. El desierto. El cielo estrellado. Algo completamente desconocido en nuestro mundo: la vida como un milagro. Y por fin el espíritu parece despertar. Con un escalofrío sonríes y algo un poco más salvaje ruge. Vas a ver verdad con tus propios ojos. Vas a ver un mundo nuevo. Vas a explorar y conocer. Y el rugido se hace más fuerte. No vas a volver siendo el mismo. El sello en el pasaporte parece ser la clave que te dice que ya no estás en casa, que el viaje comienza de verdad. Y el rugido se hace ensordecedor y a todos nos brillan los ojos de forma distinta a como lo hacían. El espíritu ahora se alza hacia su esencia natural, hacia la verdad, hacia el camino, ansioso de lo nuevo y sonríe y ruge y brilla. Y comienza de verdad el viaje. Rumbo: al sur.

Tus ojos comienzan a ver la vida de otra forma. Es, con toda seguridad, una de las cosas más impresionante e importantes del viaje. Tus ojos comienzan a ver sin juzgar y a captar detalles más hermosos de lo que jamás hubieras soñado. Los cielos estrellados comienzan a brillar más. La luna sirve para iluminar el camino. La experiencia de vivir el viaje desde un lado más cercano a la supervivencia te humaniza, el dormir en el suelo, el estar sucio y cansado y esta exactamente igual que todos tus compañeros y al mismo nivel o por debajo de la gente que conoces te hace no juzgar. Descubres, como una verdad innegable que todos somos absolutamente lo mismo independientemente de nuestro estado.

Creo seriamente que los ojos son lo más importante de una persona. La mirada es la que sinceramente te descubre quién es esa persona. Hablar con la gente no significa ni de lejos lo mismo si no te miran a los ojos con tranquilidad. Durante el viaje tuvimos varios talleres de psicología y varias dinámicas en las que tenías que mirar a los ojos, tranquilamente, a otra persona. Es curioso el vínculo que se establece con esa otra persona. Aparece como si su alma se abriera ante ti y la tuya ante la persona y desde ese instante apareciera una unión especial. Es curioso cómo la gente allí no tiene miedo de mirarte a los ojos. En occidente es raro mantener una conversación con alguien y que te preste su total atención y que te mire a los ojos con calma y sinceridad. Puede ser por no tener el teléfono como distracción o simplemente por las personas que conoces, pero en España Rumbo al Sur, las conversaciones conllevan la total atención. Las miradas a los ojos son comunes y cada palabra dice mucho más de lo que solía decir. Esto es aún mucho mayor con la gente de la zona. En cada lugar en el que estuvimos, la gente te hablaba mirándote a los ojos. Con los ojos castaños y oscuros, en todos los tonos de marrón existentes, entrecerrados, con cataratas y cansados, como vidrio translucido de los ancianos, morenos, serios y sinceros de los adultos y brillantes, por lo general más abiertos y claros de los niños. Allí todo el mundo te mira a los ojos. Los inmigrantes de Camerún y del Congo que hay en el CETI te hablan con sus enormes ojos, los niños de Tattioune te miran con los ojos pequeños y brillantes, en merzouga la gente tiene los ojos más oscuros, pero al final, todos te dedican sus miradas, desde los instantes desgarradores en los que con la mayor sinceridad te relatan sus viajes, pasando por los brillos de máxima felicidad cuando a un niño le das una botella de agua hasta cuando, como en un juego, te regatean el precio de cualquier cosa.

Allí todo es diferente. Y tú eres consciente de una realidad que ellos no conocen. Eres un puente colgante entre dos mundos desconocido el uno para el otro. Ellos no saben de los prejuicios que aquí se tienen de ellos, no saben que aquí la gente no se mira a los ojos ni que no se saluda ni se da las gracias por absolutamente todo. No saben que aquí la vida es algo que se desprecia y no un milagro. No saben que aquí nos duchamos con más agua de la que ellos tienen para beber durante un mes. No saben que aquí las puertas son blindadas y no dejas entrar en tu casa ni a tu vecino. No saben que aquí no se ven las estrellas. Del mismo modo, aquí no se sabe que allí no tienen puertas. No se sabe que se saluda a todo el mundo y se lleva la mano al pecho por respeto. No se sabe que la gente allí considera la vida un milagro y que se puede ir en cualquier momento. Aquí no se sabe que el silencio existe, que en el desierto la arena corre como agua entre los dedos y que lo único que se oye de noche es el suave viento moviendo las dunas. Que en el Erg Chebbi, hay tantas estrellas en el cielo y hay una luna tan limpia y grande y luminosa, que de noche no hace falta linterna. Aquí no se sabe la magia que se siente ante la música Gnawa. No se sabe que allí, te abren sus casas y un niño de 5 años, te ofrece agua, cuando tienen 3 litros para cinco personas en un día

España Rumbo al Sur te demuestra que se puede sobrevivir con muy poco. Te demuestra que si todos empujamos a la vez en un mismo sentido podemos sacar un bus de la arena, podemos mover el mundo. Te demuestra que puedes hablar de los temas más delicados con gente con ideas opuestas a las tuyas y no pasa nada. Te demuestra que se puede vivir muy bien con muy poco. Que el ser humano es bueno. Que una mirada te lo puede decir todo. Que un abrazo te puede salvar la vida. Que si tu das, recibes. Y que sueles recibir, sin querer, más de lo que das. Que a quien pretendes enseñar te puede enseñar mucho. Que absolutamente todos valemos lo mismo. Que a veces estar todos sucios, cansados, hambrientos e iguales, es la única forma de conocer a la gente de verdad. España Rumbo al Sur te muestra el mundo. Te involucra en el cambio y te demuestra tu poder. Te da una familia y un lugar. Encuentras en ese estrés y esa calma, bajo esas estrellas, con esa gente tan rara que son tus compañeros, que son tan raros como tu, una paz desconocida.

Te encuentras a ti mismo absorto en cielos inimaginables. En estrellas lejanas. En miradas brillantes. En amaneceres helados teñidos de naranja claro, verde, azul celeste y estrellas de desaparecer tardío. Te encuentras a ti mismo en una paz absoluta, en una felicidad inefable, en una compañía extraordinaria.

Encuentras -menuda serendipia- tu sitio. Tu sitio en el universo.

 

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