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OBITUARIOMuere el fiscal general del Estado, José Manuel Maza

Palmeras salvajes

Rescates imaginarios

Una de las misiones del periodismo ante una gran catástrofe es ponerle nombre y rostros a los números. Y se suele, esto ya por vicio, buscar la pepita de oro de las historias. Todo eso se dio con el caso de Frida Sofía

Hace unos meses escuché advertir en Managua al maestro colombiano Salcedo Ramos de los riesgos y excesos del periodismo narrativo. Él decía: "Empieza a haber historias en los pies de foto". Una de las misiones más importantes del periodismo ante una gran catástrofe es ponerle nombre y rostros a los números. Y se suele, esto ya por vicio, buscar la pepita de oro de las historias: algo que dé suspense y de lo que se presume un final feliz.

Todo eso se dio con el caso de Frida Sofía, una niña de 12 años supuestamente atrapada en los escombros de un colegio en México y de la que ahora se nos dice que nunca ha existido. De ella dijeron los rescatadores que habían visto su manita moviéndose e incluso que le dieron de beber con una manguera. Cómo se genera en las autoridades tales misteriosas sugestiones es algo que no sé: lo que sí sabemos es cuál fue la reacción periodística: "nos llegó así", "fue tal cual nos lo contaron".

Una de las diferencias más graves entre el periodismo y lo que no es periodismo es el proceso entre lo que se le cuenta al periodista y lo que se publica. El "me llegó así" le sirve a un tuitero para pedir disculpas por propagar un bulo, pero a nosotros no se nos pide saber cómo llegó una información, sino cómo salió.

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