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Agnès Varda: ''Es el primer Donostia a alguien marginal como yo"

La directora belga, Angès Varda, ha recibido el premio Donostia en el Festival de Cine de San Sebastián

Agnès Varda, un ilusionante Premio Donostia 2017 / ATLAS

"Es un premio que me impresiona muchísimo porque he visto la lista de premiados y son todo estrellas y realizadores. No sé si es la primera vez que se lo dan a una persona marginal como yo, que apenas hace dinero", así agradecía la directora belga Agnès Varda el Premio Donostia que ha recibido en el Festival de Cine de San Sebastián.

Varda presenta además en el festival su nueva película Caras y lugares, un documental rodado con el artista JR en el que retrata una Francia no habitual en el cine burgués galo. "No queríamos mostrar a gente con propiedades o dinero, sino a la gente normal, esos son los que nos gustan. La idea era trabajar juntos a pesar dela diferencia de edad y documentar las miserias de la vejez reiventándolas". La cineasta mantiene un discurso feminista, que no olvida la interseccionalidad del género con la clase social. Es decir, no olvida que no solo escasean de la lista de directores o premiados las mujeres; sino también quiénes no entran en la rueda de consumo e industria que el cine exige.

Una de las mujeres directoras pioneras del cine femenista y única mujer representante de la nouvelle vague, reflexionaba sobre cómo las cosas han cambiado: "Cuando comencé a hacer cine en Francia había tres o cuatro mujeres. Yo he querido hacer un cine radical, en tanto que mujer", decía la directora. "Yo sugería a las mujeres que estudiasen cine, que salieses de las cocinas, de sus casas y cogieran las cámaras de cine. Ahora en Francia sí hay bastantes mujeres cineastas uqe han sido aceptadas por la industria poruqe hacen dinero. El dinero es la clave", explicaba.

"No me gustan los fotocall porque todo es publicidad detrás". No podemos ser rehenes de la publicidad. Yo quizá podría ganar más dinero si hiciese publicidad, pero no quiero vender cosméticos, no quiero vender productos, no quiero vender jamón. Por eso no gano dinero, pero hago un cine que es libre". Varda mantiene ese espíritu libre que supuso la nouvelle vague. "Era la libertad de salir de lo preconcebido, de los cajones, de los armarios".

Precisamente en la película ellos van a casa de Godard. "Todo el mundo ha sido amable con nosotros menos Godard que nos cerró la puerta de su casas. En realidad Godard ha participado sin querer en el guion al escribir el final", bromeaba la directora que ha defendido la figuta del cineasta francés porque hace un cine como arma cultural. "Necesitamos cineastas así y no tanto cine de sentimientos".

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