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PALMERAS SALVAJES

La compañía tóxica

Trump tiene esa capacidad, también la tiene -ahora que la vemos tanto- la bandera franquista: cualquier causa, con ella en medio, es una causa que exige primero condenarla y alejarse, y luego seguir su camino.

De la nueva polémica Trump me ha gustado, aún más que la reacción de Stephen Curry negándose a ir a la Casa Blanca, la respuesta de Le Bron James. Porque Trump le dice a la NBA que es un honor visitar la Casa Blanca y Le Bron le aclara que lo era antes de que llegase Trump. Es quizás la mejor prueba del desprestigio de las instituciones: con qué rapidez cogen polvo cuando entra el hombre inadecuado y cómo las convierten en sinónimo de algo de lo que hay que huir.

Sinceramente, a una estrella de la NBA una foto con Donald Trump no sólo no le supone ningún honor sino una especie de mancha social. Además de una paradoja: no puedes ganar la mejor liga del mundo y que el premio sea posar con Trump. Se trata mejor de una foto destinada a los que pierdan: un pasar por debajo del futbolín. Hay compañías que lo arruinan todo, que impugnan cualquier cosa, cuya toxicidad se extiende. Trump tiene esa capacidad, también la tiene -ahora que la vemos tanto- la bandera franquista: cualquier causa, con ella en medio, por más que sean una o dos, es una causa que exige primero condenarla y alejarse, y luego seguir su camino.

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