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La firma de Iñaki Gabilondo

El silencio de España

Si un día se aborda la tan cacareada reforma de la Constitución tal vez nos encontremos con que la presión sea para ir atrás y no hacia delante

Entre los numerosos efectos secundarios del conflicto en Cataluña que algún día tendremos que inventariar es posible que hayamos de incluir el fortalecimiento del nacionalismo español. No lo digo por la repentina aparición de algunas banderas españolas en los balcones, porque la bandera no es nacionalista sino nacional, aunque este asunto viene descarrilado de antiguo, pero sí por otras cosas: por ejemplo, el patriotismo inflamado que despidió a los guardias civiles que marchaban a Cataluña y que recordaba las salidas a las guerras de África o, sobre todo, por lo que se oye en la calle o en conversaciones con amigos y conocidos a los que uno no podía imaginar expresando las ideas que ahora se animan a verbalizar y en los términos en los que lo hacen con visceralidad formal y fondo muy regresivo, con nostalgias autoritarias y centralizadoras. Hablan de recortar autonomía, reasumir competencias etcétera, etcétera, cosas que ahora oye uno en bocas y en foros que hasta ahora hablaban de otra manera.

En una primera lectura podría pensarse que estamos hablando de un Rajoy que va a beneficiarse de ese estado de opinión. Yo no lo sé, en todo caso sería una mirada corta. Y también creo yo que algún día su responsabilidad como espectador impávido del espectacular crecimiento del independentismo le ha de pasar al cobro. Pero el fenómeno que señalo es de más fondo y de mayor recorrido. Quiero decir que si un día se aborda la tan cacareada reforma de la Constitución tal vez nos encontremos con que la presión sea para ir atrás y no hacia delante, o que al menos se habrá acentuado esa pulsión. Hablo del probable fortalecimiento de la derecha y de una derecha más a la derecha que podría afianzarse en el poder. Son sensaciones extraídas de los ámbitos en los que uno se mueve o que puede abarcar, y en Madrid, solo eso. Porque en este país en el que políticos, periodistas y tertulianos no callamos sigue siendo llamativo el insondable silencio de las ciudades que no son Madrid o el nulo caso que le hacemos.

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Cadena SER

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