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Palmeras salvajes

Las pasiones subcontratadas

Las banderas no suelen sacarse del armario en momentos de orgullo, sino de enfrentamiento: no como "es nuestra", sino como "no es vuestra"

Hay que preocuparse siempre cuando ciudadanos de un país animan a sus policías a la salida de los cuarteles. Como acto reflejo, más que nada. Sin saber ni siquiera el contexto: simplemente como instinto. Porque sabemos que no se les anima cuando desarticulan una célula terrorista o regresan del extranjero de ayudar en algún terremoto. Las banderas no suelen sacarse del armario en momentos de orgullo, sino de enfrentamiento: no como "es nuestra", sino como "no es vuestra".

El fútbol sí tiene subcontratadas las pasiones nacionales. Del fútbol siempre se ha dicho que es la representación simbólica de las guerras modernas; las naciones enfrentadas haciendo uso de sus himnos, de sus uniformes, de sus banderas y de su orgullo nacional para aplastar en el campo a otras. El "a por ellos" y el "oé", las concentraciones en los hoteles viendo cómo salen los autobuses y los gritos de "machacadlos" están transferidos de la política al fútbol porque el ser humano evoluciona, o evolucionaba, de tal forma que convertía el nacionalismo de verdad en uno de mentira que duraba 90 minutos y giraba alrededor de un balón, no de una caravana de patrols despedida como para desembarcar en una guerra inventada.

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