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Palmeras salvajes

Cuando se emborracha un rico

De un tiempo a esta parte tengo la sensación de que cualquier tontería se pone de moda sin una mínima homologación

Hace un par de semanas leí la noticia de que un importante consejero delegado de Silicon Valley podía pasar entre dos y ocho días alimentándose de café, té y agua debido a su impresionante volumen de trabajo. Si podía comer, lo hacía en restaurantes de lujo en San Francisco. Esto también le ocurre a un vagabundo de mi ciudad: a veces pasa sin comer y simplemente se alimenta de café. La diferencia es que a lo que hace el CEO de Silicon Valley le llaman biohacking, y a lo que hace el vagabundo le llaman pobreza. Eso sí, el emprendedor americano ha salido en The Guardian contando que el biohacking le pone de buen humor, está eufórico y trabaja más. Dice que se siente más sano y que no comer le ayuda a ser mejor CEO.

De un tiempo a esta parte tengo la sensación de que cualquier tontería se pone de moda sin una mínima homologación. Pasa una gilipollez en Estados Unidos, se le pone un nombre en inglés y llega a España con un halo de sofisticación. En Illinois te quedas un sábado por la noche en casa, le llamas housing y de repente pareces el fundador de una secta. El otro día leí que a comer de la basura le han puesto el nombre de friganismo, como si lo hiciesen los hipsters de Nueva York. Mira, esto lo resumimos en Galicia hace muchos años con dos versos: "Cuando se emborracha un rico, qué gracioso está el señore / Cuando se emborracha un pobre, todos le llaman borrachone".

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