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La firma de Iñaki Gabilondo

Nervios, duda y vértigo

El Gobierno parece sorprendido por la resistencia contumaz que se lo pone, como si solo ahora empezar a percatarse de la magnitud del fenómeno

Apenas hay novedad y, sin embargo, la situación se mueve como una ola alterando la percepción. De pronto, el referéndum ya no parece tan derrotado, ni la capacidad de parar el desafío tan capaz, ni la fuerza tan fuerte, ni la debilidad tan débil. Se aprecian nervios y se aprecian dudas. Como la mosca que zumba en el cristal, que no ve el obstáculo pero nota que algo insuperable le cierra el paso, el Gobierno parece sorprendido por la resistencia contumaz que se lo pone, como si solo ahora empezar a percatarse de la magnitud del fenómeno. Las medidas empleadas con la ley en la mano no logran sellar todas las vías de acceso a la votación y además han sido entendidas como acciones intimidatorias; no se ha atenuado la contestación, la ha acentuado y extendido y endurecido.

Sigue estando claro que el referéndum del domingo no podrá cumplir en ningún caso con las exigencias fijadas para cualquier homologación, que lo que se haga -poco o mucho- nunca pasará de ejercicio de protesta, pero casi va a dar igual porque se ha mutado en algo distinto. Como advierte muy inteligentemente Ignacio Varela en El Confidencial, el referéndum que comenzó siendo derecho a decidir se ha transformado en decisión tomada. El referéndum es ya independencia dice, y voten cuántos voten significa la ruptura de muchas amarras de Cataluña con el Estado. Pocas cosas impresionantes como las aceleraciones históricas cuando todo se precipita y saca las cosas de sus quicios o las desborda. Pues bien, en una de esas aceleraciones nos encontramos, todo va muy deprisa. Y da vértigo. Y todavía faltan 3 días

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