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LA OPINIÓN

Incertidumbre

No saber qué pasará el 1 de octubre es la mejor prueba de las circunstancias extraordinarias en las que estamos porque, si algo define a la democracia, son las reglas que nos protegen del caos

El gobierno catalán ha convocado a los medios de comunicación este mediodía para contar el dispositivo del 1 de octubre. Secuestrado por su propia hoja de ruta, por la cantidad de gente a la que ha embarcado en esta aventura imposible, insiste en dar apariencia de normalidad a una convocatoria ilegal de la que no existe copia, modelo o ejemplo en el mundo al que pertenecemos. Es cualquier cosa menos normal, con el Parlament cerrado y la mitad de los catalanes ignorados.

Las fuerzas de seguridad se incautaron ayer de millones de papeletas y sobres, nada se sabe sobre las urnas, hay en marcha mil y una triquiñuelas para que los colegios estén abiertos durante el fin de semana, en algunos casos con niños dentro en actividades extraescolares. Y el gobierno central le pone el turbo ahora a explicarse a nivel internacional y hoy se reúne en Barcelona con los cónsules acreditados aquí. Y toda la tensión está en el papel que tengan que jugar Mossos, Guardia Civil y Policia. Ojalá que el mínimo.

Nada permite aventurar, ahora mismo, qué va a pasar este domingo más allá de la evidencia de que, pase lo que pase, un referéndum no será porque no se dan ninguna de las condiciones para ser considerado como tal. Y esta falta de previsibilidad, este no saber qué pasará es la mejor prueba de las circunstancias extraordinarias en las que estamos. Si algo define a la democracia son las reglas, la certeza de que nuestra vida está sujeta a unas normas decididas por todos que nos protegen del caos.

La evidencia es que, a partir del lunes, habrá que hablar. La incertidumbre es cómo llegaremos a ese momento.

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