Medio minuto

El precio de no hacer nada

Esta crisis se está gestionando con los peores mimbres políticos en Madrid y Barcelona. El grave error de la inacción política y de la incapacidad para entender la cuestión ha derivado en una crisis de Estado gravísima

El uno de octubre nos deja dos quiebras, un no referéndum, una imagen de país por los suelos y muchos heridos.

Foto de archivo de Antonio Hernández-Rodicio / CADENA SER

La primera es la de Cataluña con España y viceversa, desde ayer convenientemente profundizada. Una parte muy importante de los catalanes está hoy más lejos de España de lo que lo han estado en toda su Historia. Y al revés. Además, se percibe claramente que es un proceso con aceleración aún inconcluso.

La segunda y peor quiebra es la de los catalanes con los catalanes. Esta es terrible porque se gestiona en el día a día. El independentismo, que solo mira, habla y contabiliza a los suyos, puede anotarse este mérito. Ha trabajado mucho para llegar hasta aquí. Ha dividido, ha actuado fuera de la ley y ha mantenido su ficción hasta las últimas consecuencias.

El 1-O también nos deja un no referéndum, porque ayer no se celebró ninguno digno de ese nombre, aunque solemnemente se proclamen unos números inacreditables. Es solo un ejercicio de propaganda sobre la buena fe de otra mucha gente para conducir a una declaración unilateral de independencia que termine por reventarlo todo. Y que será el estadio superior de un proceso de ficción que sin embargo produce consecuencias reales y fatales. Todo, con la indeseable jornada de ayer rematada con la actuación policial y la palmaria pasividad de los mossos, que derivará en debates críticos. Rajoy puede decir que no hubo referéndum pero un coste muy elevado.

Cuando se vulneran las leyes y se desobedece a los jueces y se acuartela a 6.000 policías terminan siendo inevitable las escenas que vimos ayer. Ahora el gobierno tendrá que explicar si la actuación fue proporcionada y la estrategia política oportuna. Porque en cualquier caso el efecto final es demoledor y ayuda a complicarlo todo aún más. Pero el problema de fondo es la responsabilidad política del Gobierno y muy especialmente de Mariano Rajoy por haber permitido llegar aquí. Esta crisis se está gestionando con los peores mimbres políticos en Madrid y Barcelona. El grave error de la inacción política y de la incapacidad para entender la cuestión ha derivado en una crisis de Estado gravísima. Como resumen, hoy estamos mucho peor que hace seis años: cuando el Gobierno del PP empezó a no hacer nada y el Gobierno de la Generalitat empezó a hacerlo todo

 

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?