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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

El imprescindible cese del ministro del Interior

Hacer dimitir a Zoido es la manera de defender a la Policía y a la Guardia Civil y de mejorar la imagen del Gobierno en el exterior

Lo que ha faltado antes y después del 1-O es política que es, precisamente, lo que no puede hacer el Rey. La monarquía española esta encarnada totalmente en la Constitución democrática de 1978, porque así lo decidimos los españoles en su momento y porque así lo votamos, tiene terminantemente prohibido hacer ofertas de negociación o patrocinar propuestas políticas. El único papel que se le encomendó fue simbolizar el Estado y Felipe VI hizo ayer precisamente eso: representó al Estado y defendió el orden constitucional por el que se rige ese Estado en la actualidad. Será oportuno, o no, que haya hablado, pero puesto que lo hizo, solo pudo decir lo que dijo. El Rey actuó como el Rey.

Quien no actúa casi nunca como presidente el Gobierno es Mariano Rajoy, un político peculiar que sistemáticamente traslada la responsabilidad de sus acciones a una institución. Se coloca detrás de ellas, en lugar de defenderlas. Debió hacer política antes del 1 de octubre y tomar la iniciativa para evitar el desarrollo de los acontecimientos que estamos presenciando. No lo hizo. Ahora seguimos con el mismo problema. Asombra que el presidente del Gobierno no haya cesado ya fulminantemente al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, una medida política imprescindible y urgentísima. El ministro debe asumir la responsabilidad por las cargas policiales que desataron la indignación en Cataluña, porque esa es la manera de defender a la Policía y a la Guardia Civil, la manera de mejorar la imagen de su gobierno en el exterior y la manera de tranquilizar a unos policías y guardias civiles que, ellos sí, comprenden que esa dimisión les ayudaría en unos momentos muy difíciles. Antes que cualquier otro planteamiento, antes de cualquier otra idea, el presidente del Gobierno esta obligado a cesar a su ministro del Interior y a nombrar a alguien con un cierto prestigio y conocimiento de la situación catalana.

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