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PALMERAS SALVAJES

No despersonalizar, no deshumanizar

Lo más urgente ahora mismo en Cataluña es no despersonalizar, no deshumanizar, no proyectar en personas físicas entidades enemigas y hostiles

Durante los últimos años en España, especialmente tras el estallido de la crisis, especialmente durante el 15-M, se insistió en el poder de los colectivos civiles y su legitimidad incluso por encima de los poderes políticos. Ilusorio, porque el “no nos representan” es un lema que sugiere el desbordamiento civil por encima del institucional, y además nos representan, a menudo por desgracia. Que la calle tenga que obedecer a sus instituciones no significa que tenga que imitarlas. A mí a estas ahoras no me importa la política; a ningún dirigente del proceso soberanista, por ejemplo, le rozó siquiera la porra de un policía: fueron a votar con chófer. Lo que se está haciendo es jugar al ajedrez con piezas incendiadas. Y cuando eso ocurre en lo primero que hay que pensar es que tu vecino no es la bandera que tiene en el balcón ni la causa que defiende: es una persona antes que cualquier cosa. Los gobernados pueden tener más autoridad intelectual que los gobernantes, pueden darse la razón en asuntos que atañen a su convivencia si las instituciones no lo hacen. Lo más urgente ahora mismo en Cataluña es no despersonalizar, no deshumanizar, no proyectar en personas físicas entidades enemigas y hostiles. Creer que lo son es el primer paso para que lo parezcan a ojos de todos, y ese siempre es el principio del desastre.

 

 

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