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PALMERAS SALVAJES

Odiarse sin destruirse

Piqué y Ramos tienen el poder de hacer normales las discrepancias y de enseñar que con ellas hay convivencia

Hace unos días leí una frase de Paul Auster: "El fútbol es la manera que ha encontrado Europa para odiarse sin destruirse". Es una frase acertada, la última de una serie de frases en la que diversos intelectuales coinciden en la idea del fútbol como un lugar en el que volcar las bajas pasiones que no deben de tener los Parlamentos. Gracias a YouTube hoy cualquier joven puede saber qué ocurre cuando ese cortafuegos falla, cuando esos dos mundos -el de la política y el fútbol- no se distinguen: Yugoslavia se deshizo en una guerra pero antes aún se deshizo a ojos de todo el mundo en una cancha de baloncesto y un campo de fútbol. Del mismo modo, Francia le enseña al mundo -y le enseñó especialmente en 1998- que a una selección unida, a un país que integra tantas razas, credos y sensibilidades políticas diferentes, no le puedes pedir el mismo patriotismo a todos. Pero en el campo sí el mismo rendimiento. Sólo a un ceporro inútil como LePen se le ocurrió quejarse porque había jugadores que no cantaban La Marsellesa como prueba de algodón de su compromiso.

 Ninguna situación de estas es extrapolable a la selección española, pero si hay algo que nunca sobra es recordar la historia. Las declaraciones de Piqué y Ramos hay que contextualizarlas primero en la situación excepcional de dos jugadores con una enorme difusión pública, con millones de seguidores en todo el mundo, y segundo en su autoridad irrelevante, la misma autoridad que puede tener cualquiera de este asunto con una opinión y derecho a expresarla. Por eso es importantísimo no tanto sus posturas enfrentadas como el buen rollo con el que se hacen públicas. Ninguno de los dos corre el peligro de convertirse en aquel líder espontáneo de la película de Chaplin que encuentra un trapo, lo agarra y cuando se da cuenta tiene a miles siguiéndolo en su causa, pero sí tiene el poder de hacer normales las discrepancias y de enseñar que con ellas hay convivencia. En la selección española de fútbol y en cualquier lado.

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