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La opinión

Oración a San Ibuprofeno

Lo de enseñarse los dientes con las banderas y sacar pecho en la calle tampoco creo que sea el mejor camino para medir fuerzas

Ya no sé si la cita resulta oportuna o inoportuna, pero me da igual. Hoy me viene a la memoria Napoleón Bonaparte y aquella famosa frase que soltó de que “una retirada a tiempo es una victoria”. ¡Ojo! Napoleón hablaba de retirarse, no de rendirse, y aunque la referencia bélica no me parece la más adecuada, creo que se entiende perfectamente lo que quiero decir; y lo que le está diciendo mucha gente –muchísima, incluso dentro del sector soberanista– a Carles Puigdemont.

Mañana a esta hora estaremos abriendo la ventana en el Parlament de Catalunya muy atentos a lo que pueda decir el president de la Generalitat. Vamos, que si lleva adelante o no la declaración unilateral de independencia porque si lo hace, si finalmente opta por mantener el desafío –o según él, el mandato popular– hasta las últimas consecuencias, el estropicio –que ya es muy grande– sería de proporciones descomunales.

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Sería un horror y un error, al menos en mi opinión. Claro que si no lo hace, si no proclama la independencia, si en el último minuto echa el freno –y ojalá sea así– entonces habrá que exigirle también algo al gobierno español, ¿no? algún tipo de iniciativa política, una reacción, lo que sea.

Porque una victoria por aplastamiento, hablando de golpistas del siglo XXI, ¡que no hay nada que negociar!, que el imperio de la ley, que España no va a tolerar. Eso tampoco resuelve el problema; al revés, lo encona. Y este problema, tarde o temprano, no olvidemos que sólo se podrá solucionar votando; en unas elecciones, en algún tipo de referéndum pactado, legal. Pero sólo votando. Porque lo de enseñarse los dientes con las banderas y sacar pecho en la calle tampoco creo que sea el mejor camino para medir fuerzas. Entre otras cosas porque a mucha gente esto de la calle como que no.

Hoy escribe Antoni Puigverd en la vanguardia que “aceptar los límites de la realidad no supone un acto de rendición, sino de inteligencia”. Y que ha llegado el tiempo de la descompresión, “de arrancar las malas hierbas del odio y volver a sembrar las semillas del diálogo”. No puedo estar más de acuerdo: el objetivo, hoy, sólo puede ser desinflamar, bajar la inflamación.

Así que, ya sé que no figura en el santoral pero yo pienso rezarle a San Ibuprofeno. Al menos hasta mañana. A ver si sirve de algo.

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