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EL DIETARIO

Llegó el dinero y mandó a parar

Josep Ramoneda reflexiona sobre la movilización catalana el pasado domingo y el independentismo

El independentismo ha conseguido que en Barcelona se diera el mayor despliegue de banderas españolas jamás contado; y que se pusiera en marcha un goteo incesante de traslado de las sedes de bancos y grandes compañías a otros lugares de España. Son los efectos no deseados de la estrategia del soberanismo cuyo ritmo no se corresponde con las fuerzas de las que realmente dispone.

“Lo peor de todo es la pasión nacionalista “, dijo Vargas Llosa en la masiva manifestación de Barcelona contra la independencia. ¿Vargas Llosa no era consciente que estaba hablando a una concentración en defensa de la “indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible”, es decir al despertar del nacionalismo español en Cataluña? En el fondo, la principal diferencia entre el nacionalismo español y el catalán, es que el primero tiene Estado y, es cuando se siente cuestionado que sale a flote; y el segundo, aspira a tenerlo y tiene que gesticular permanentemente para ser reconocido

Dice Mariano Rajoy en El País: ¿Creo que nuestro proyecto es más ilusionante que un proyecto de división? ¿Pero cuál es su proyecto? La única pista que da es seguir construyendo Europa. Para encandilar al personal falta un poco más de empuje.

La fuga de bancos y empresas ha sido un freno mucho más contundente al independentismo que cinco años de Rajoy esperando que el problema se resolviera sólo. Se puede ver en ello una confirmación de la impotencia de la política, que es la fuente de los actuales problemas de gobernanza de las democracias liberales. Llegó el dinero y mandó a parar. Pero también da pistas sobre la composición social del independentismo dónde hay un sector de tradición nacionalista muy conservador, que lo que busca es seguridad en un mundo acelerado, así en la patria como en el dinero.

Ya casi todos los datos están sobre la mesa. En esta dinámica de acción-reacción en que estamos metidos, el próximo paso es que el presidente Puigdemont aclare sus intenciones. Y a partir de aquí el margen para la reacción del gobierno es escaso. El 12 de Octubre, Rajoy tiene desfile.

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