¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Quizás, la tristeza

La reforma de la Constitución debió haberse planteado hace mucho tiempo y todo el mundo era ayer consciente de ello en el hemiciclo

Lo más llamativo de la sesión del Congreso celebrada ayer fue el tono inusualmente tranquilo y casi respetuoso con el que se produjo. Hubo ataques personales a Albert Rivera, es verdad, suprimidos del acta por orden de la presidenta de la Cámara, pero fue la excepción.

En general fue una sesión en la que los diputados se mantuvieron extrañamente silenciosos. Hasta Rafael Hernando, el portavoz del Partido Popular, optó por llevar un texto escrito previamente para no dejarse llevar por su natural belicoso. Incluso Esquerra Republicana de Cataluña prefirió silenciar las ocurrencias de Gabriel Rufián. Quizás el comportamiento mas circunspecto de los diputados se debió al puro agotamiento de algunos, a que la tensión y la incertidumbre han durado muchos días y a que ayer pareció que la hoja de ruta estaba más clara.

Quizás el aire de tristeza que tenía la cámara se debía a que casi nadie cree posible que el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, responda en tiempo y forma al requerimiento del consejo de ministros ni que se pueda evitar la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución, que abrirá un largo y complicado proceso de normalización.

La única noticia positiva fue el anuncio de que el PP aceptaba la propuesta del líder socialista, Pedro Sánchez, para abrir en un plazo de seis meses una subcomisión del Congreso que debatirá, por fin, la eventual reforma de la Constitución, se supone que fundamentalmente en cuanto a la configuración territorial del Estado. Debió haberse planteado hace mucho tiempo y todo el mundo era ayer consciente de ello en el hemiciclo. Quizás por eso también la tristeza. Ahora solo queda esperar.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?