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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Gracias, Amineh

Ya no se habla tanto de la sociedad en la que queremos vivir, sino de “quién soy yo”

La experiencia acumulada en Estados Unidos, con la victoria de Donald Trump, y en Gran Bretaña, con el Brexit, demuestra la enorme capacidad que tienen determinadas organizaciones para provocar escaladas de tensión y lograr apoderarse de las agendas. Obviamente, no se trata de dejar de cubrir informativamente la campaña electoral de Donald Trump o el Brexit. Tampoco de dejar de informar sobre la crisis creada por el independentismo catalán y la política oficial. Se trata de observar cómo se van achicando las agendas, presionadas de forma intencionada en todo el mundo por grupos fuertemente identitarios, de manera que ya no se habla tanto de la sociedad en la que queremos vivir, sino de “quién soy yo”, quienes son mis parecidos por razón de lengua, raza, religión, género u opción sexual.

Por eso es tan atrayente la historia de una jovencita de 13 años que acaba de ganar el premio Betjeman de Poesía, en Inglaterra. “Yo cojo las palabras de cualquier lugar, de canciones, de películas, de lo que veo en el ordenador o en la calle, y las pongo juntas”, explicaba ayer en el diario británico The Guardian. La joven poetisa se llama Amineh, abandonó Damasco cuando tenía 8 años para vivir como refugiada en Egipto y hace un año que consiguió llegar con su familia a Inglaterra. En solo doce meses ha logrado dominar el inglés hasta el punto de escribirlo. La obra premiada se llama Lamento por Siria, y en ella Amineh no se define por quien es sino por como le gusta vivir: soy de una tierra, dice, donde la gente recoge un trozo de pan olvidado para que no lo pisoteen, de un lugar donde las viejas señoras riegan los jazmines al atardecer. “¿Puede alguien enseñarme a hacer una patria?”, pide. Gracias, Amineh.

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