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El ojo izquierdo

Elecciones en Cataluña, el único resquicio

Nos hemos lanzado a un abismo del que se desconoce dónde se encuentra el fondo

Fracaso. Total, rotundo y doloroso fracaso. Eso es lo que significa la puesta en marcha del 155. Solo en España, de entre todos los países que cuentan en su Constitución con esta arma atómica, hemos llegado al desastre de querer activarla. El resto de los Estados civilizados ha sabido llegar a soluciones de los conflictos que evitaban el terremoto. Menos nosotros, gracias a la demostrada torpeza de los dirigentes políticos con que nos ha castigado el destino. Inédito el artículo en el mundo mundial, nos hemos lanzado a un abismo del que se desconoce dónde se encuentra el fondo y qué pruebas de dolor habrá que superar para alcanzar un objetivo que desconocemos. ¿Integrar o expulsar? Ya chocaremos con las enormes dificultades para su aplicación práctica, una labor titánica, porque la escalada posible de acción y reacción asusta de solo enunciarla. Antes de imaginarnos la amargura de enfrentamientos y detenciones, pensemos que aún queda una posibilidad, que no es otra que Puigdemont convoque elecciones. Cierto que después de cinco años en el túnel de la irrealidad, el choque con la verdad deslumbra a los independentistas. Pero sálganse de la burbuja fanática, y opten por blindarse con los votos, si los consiguen, y no con las calles, un camino demasiado peligroso. Y a quienes salivan de placer con el fiero garrote del 155, les rogamos mesura, mucha mesura.

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