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PALMERAS SALVAJES

La violencia ya había empezado

En la mente de un asesino machista la única libertad de una mujer es la otorgada por su dueño

Hay un relato interesado en el juicio que empieza hoy a Sergio Morate que refleja una figura enferma, débil y abandonada por su novia, Marina; un hombre que pierde la cabeza e insiste una y otra vez en regresar, en volver, en reclamar lo perdido. Un tipo que viaja hasta Ucrania sólo para estar cerca de ella y pedir que le dirija la palabra. Que la va a recibir a los aeropuertos, y que se presenta en su trabajo. Y por supuesto llama a su teléfono, escribe a su teléfono.

Incluso siendo un relato interesado, es un relato terrorífico. Y delictivo. Pero es un relato estrictamente masculino, desde un punto de vista interesadamente masculino, que se tiende a romantizar. Que se ha romantizado en la ficción y en la no ficción una y otra vez, por la razón de que se ha expuesto y se expone desde el punto de vista del protagonista, y el protagonista siempre es masculino. Cuando un hombre acosa de esa manera, presentándose en cada lugar en el que está ella, haciendo viajes disparatados, haciendo regalos disparatados, se tiende a decir: “No hace daño, qué enamorado está, cómo se humilla y no le importa”. Pero eso que vemos es el prólogo de un asesinato. En el caso de Morate y en el de muchos otros. La violencia ya empezó, ya había empezado mucho antes. A ojos de todos.

Tiene que ver con la posesión: por ahí llega la trampa. Los niños patalean cuando les sacas algo que creen que es suyo, los hombres matan. La ley de "no la mires porque es mía" y "no la toques porque es mía" define a un amo, no a un novio. Morate mató presuntamente a Marina y a Lucía porque Marina había decidido ser libre. En la mente de un asesino machista la única libertad de una mujer es la otorgada por su dueño.

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