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El ojo izquierdo

Tan cerca, y tan lejos, del acuerdo final

Aún se puede negociar en el Parlament y en el Senado, porque hay puntos claros, o eso parece, de posible entendimiento

¡Qué tramo final tan feo estamos viviendo del drama catalán! Resulta que hemos descubierto en el último momento que esa gran gesta que iban a emprender los independentistas, solo comparable a la mítica salida de Egipto del pueblo elegido capitaneada por Moisés, podía retrasarse si se conseguía un buen acuerdo por debajo de la mesa. Todo parece resumirse –aunque haya más fichas que canjear- en asegúrame que tú no pones en marcha el maldito artículo y yo convoco elecciones, compadreo bastante terrenal que casa mal con las ínfulas homéricas de los protagonistas. Únase a ello que el president decidió que el futuro de su pueblo dependía de reuniones nocturnas con un selecto y variopinto grupo de afines, “a tercios soviet, somatén y patrulla boy-scout”, en certeras palabras de Xavi Vidal-Folch, antes de consultar con los representantes de los partidos, estos sí, democráticamente elegidos por ese pueblo al que tanto ama. Súmese por último al gatuperio el sainete de ayer de ahora voy a hablar para convocar elecciones, luego desconvoco y a la media hora vuelvo a convocar para decir otra cosa. Aún se puede negociar en el Parlament y en el Senado, porque hay puntos claros, o eso parece, de posible entendimiento. Llegados a este punto, separadas ambas partes tan solo por algunos centímetros, sería imperdonable que no hubiera acuerdo final. Recapaciten, hagan el favor, y acaben con esta congoja. Ya.

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