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El ojo izquierdo

¡Qué ridículo, qué vergüenza, qué obscenidad!

¿Qué bufonada escenifican quienes debían velar por la dignidad de unas ideas, por el orgullo de todo un pueblo? Tienen lo que se merecen: la frialdad de una ciudadanía que les desprecia. Y con razón.

Resulta difícil de creer la sucesión de hechos en torno al tema catalán que se han ido produciendo en las últimas horas. Duda este Ojo si mostrarse estupefacto, escandalizado o abochornado, aunque quizá lo más sensato sea reconocer que los tres calificativos se ajustan a su estado mental. No parece posible que un autoproclamado histórico presidente de la República catalana, ahí es nada, huya a escape hasta Bruselas, acompañado de una cohorte de consejeros. Y menos aún que busque los oficios de algún abogado experto en casos de etarras. Es como un mal chiste, una broma de pésimo gusto, porque el gesto de poner pies en polvorosa frente a la acción de la Justicia, deja a jueces y fiscales ante la casi obligación de tener que pedir prisión provisional para todos los acusados, a la vista no ya de que existe riesgo de fuga, no, es que es absolutamente cierto que se fugan. ¿En qué situación deja al resto de acusados? ¿Y ese juego de Rajoy es presidente de otro Estado, que no tiene derecho a convocar elecciones, pero nosotros nos presentamos para ganarlas? ¿Qué desvarío es éste? ¿Qué bufonada escenifican quienes debían velar por la dignidad de unas ideas, por el orgullo de todo un pueblo? Tienen, vista la calma reinante, lo que se merecen: la frialdad de una ciudadanía que les desprecia. Y con razón.

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