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LA OPINION

¿Quién paga los platos rotos?

En contra de lo que pueda parecer la noticia aquí en Cataluña es la normalidad dentro de la excepcionalidad

En contra de lo que pueda parecer la noticia aquí en Cataluña es la normalidad dentro de la excepcionalidad. Desde el sábado está en vigor el artículo 155 de la Constitución y muchos temían grandes resistencias a su aplicación y una situación complicada en estos primeros días. Nada de eso ha pasado, al menos de momento. El primer día laborable transcurrió ayer sin más ruido que el propio de la vida en la ciudades, ni más tropiezo, que nos conste, que el tránsito de papeles y despachos de unas manos a otras, de los ex consejeros y altos cargos, a quienes se hacían cargo de las gestiones desde la administración central.

Normalidad incluso en la rapidísima aceptación del marco constitucional por parte de los partidos que el viernes declaraban la independencia de Cataluña. Tanto ERC como el PDeCAT anuncian que concurrirán a las elecciones autonómicas del 21 de diciembre.

La única novedad es la presencia en Bruselas del expresident Puigdemont y cuatro ex consellers que han contratado allí los servicios de un abogado que defendió a etarras en el pasado, se supone que para intentar defenderse de la querella que le presentó la fiscalía por sedición y rebelión si es que la jueza que lleva el caso atiende las peticiones del ministerio público. En un nuevo capítulo para el bochorno, ninguno de ellos han confirmado qué hacen en Bruselas y si tienen intención de pedir asilo, como se desprende de la única confirmación oficiosa que es un tuit del cantante Lluís Llach. El asilo es como la independencia, que no depende de que tú lo pidas sino de que te lo reconozcan.

¿Saben ustedes cuántas personas han pedido asilo político en España en los seis primeros meses de este año? 14.200 personas de Siria, Venezuela y Ucrania porque consideran que esta democracia, la española, protege sus derechos fundamentales como no lo hacen sus países, en los que literalmente se juegan la vida.

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