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EL OJO IZQUIERDO

Hecha la llamada, esperamos la respuesta

Habrá elecciones, todos las aceptan, y ojalá podamos vivir una campaña electoral sin excesivos desgarros a pesar de la ciega marcha de la justicia.

Claro que lo inmediato es saber si Puigdemont y su Govern acudirán a la Audiencia Nacional o habrá que ir a buscarles. Pero al tiempo, asómense ustedes a las calles de Barcelona, Girona, Solsona o Reus, y allí verán cómo van a trabajar, pasear o tomarse un tallat, los funcionarios de las consellerías o los maestros que dan sus clases con la absoluta normalidad con la que se vivía hace seis meses o seis años. Esa es la realidad cotidiana de Cataluña, tan parecida a la de Andalucía o Galicia, bien lejos de la España caótica y violenta que dibujaba en cuatro idiomas, pero sin acertar en ninguno, el expresident Puigdemont en su visita turística a Bruselas. Esa tranquilidad es el mayor desgarro que deben sufrir los visionarios del caos, enfrentados a la dolorosa constatación de que las masas no han salido a las calles armados de picas para reivindicar aquella república que ellos mismos ensuciaron con mentiras y triquiñuelas de políticos bribones. Seguirán siendo independentistas muchos de esos ciudadanos, tienen todo su derecho a serlo, pero seguramente ya habrán interiorizado que ese no era el camino. Habrá elecciones, todos las aceptan, y ojalá podamos vivir una campaña electoral sin excesivos desgarros a pesar de la ciega marcha de la justicia. Tras sufrir el aparatoso terremoto de la demencia, ¡cómo se añora un poco de cordura!

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