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LA OPINIÓN

Una nueva convulsión

Nadie puede alegrarse de que nueve exconsellers estén en prisión, una medida cautelar extrema que no se le puede desear a nadie y que impactará sobre el delicado proceso electoral que se abrirá en breve

No nos va a resultar fácil ni sencillo salir de esta en la que estamos. A cada período de mínima distensión, le sucede una nueva convulsión. Y ayer vivimos la última y de gran calibre.

9 miembros del gobierno depuesto en Cataluña han pasado su primera noche en las 2 prisiones madrileñas donde los envió ayer la jueza Lamela, de la Audiencia Nacional, por los presuntos delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos, atendiendo la petición que había hecho la Fiscalía. Algo absolutamente excepcional como excepcional es todo lo que estamos viviendo en el último mes y medio.

Nunca, en la Europa con la que nos comparamos, una parte del Estado de un país decidió rebelarse y declarar una independencia unilateral y nunca, claro, en la Europa con la que nos medimos, 9 miembros cesados de un gobierno habían acabado en prisión preventiva.

Hay debate jurídico sobre si el comportamiento de los encarcelados se ajusta al literal de los delitos en el Código Penal que se les imputan. Todos ellos, gravísimos. Sus abogados podrán argumentarlos en los recursos que ya anuncian, como corresponde a un proceso con las debidas garantías jurídicas. Es ahí, en los recursos que atenderá otro tribunal, donde las dudas, todas las dudas deben resolverse. Y también las diferencias entre las decisiones que ayer tomó la Audiencia frente a las que tomó el Supremo que dio una semana más a los miembros del Parlament para preparar sus defensas.

En el auto de la Audiencia se destaca, como ya anticiparon algunos de los afectados, que la huida de Puigdemont a Bruselas iba a perjudicarlos porque podía ser utilizada contra ellos como riesgo de fuga.

Nadie puede alegrarse de que las cosas hayan llegado hasta aquí, porque la prisión preventiva es una medida cautelar extrema que no se le puede desear a nadie, porque tiene que estar muy claramente justificada y porque además en este caso es evidente que impacta sobre el delicado proceso electoral que se abrirá en breve en Cataluña.

Puestos a vivir situaciones inéditas, y llevamos unas cuantas, podemos tener una campaña con candidatos en la cárcel. Por ejemplo Oriol Junqueras. Y los argumentos sobre el desastre que ha provocado en Cataluña la cabalgada independentista, el desprecio a la voluntad de la mitad de los catalanes, la huida de empresas, el bochorno europeo... todo eso puede quedar enterrados bajo el victimismo y la caricatura de España que llevan años difundiendo.

Llegará el momento de exigir cuentas políticas a todos los que no han impedido hace tiempo, mucho tiempo que esta desgracia se abatiera sobre nuestras cabezas.

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