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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Las certezas de Franklin

Los paraísos fiscales podrían desaparecer si los gobiernos de los países más poderosos de la tierra así lo quisieran y exigieran

El inventor y político norteamericano Benjamin Franklin fue un hombre muy ocurrente que dejó muchas frases para la historia. Fue él, por ejemplo, quien primero dijo, allá por 1780, que después de mucho reflexionar había llegado a la conclusión de que solo existían dos cosas seguras en la vida: la muerte y pagar impuestos. Dos siglos y pico después se puede decir que lo de morirse sigue siendo seguro pero que una élite de personas en todo el mundo ha encontrado la manera de no pagar impuestos o de pagar mucho menos de lo que teóricamente le correspondería. Se trata de utilizar grandes redes puestas en pie por poderosos bufetes de abogados internacionales que logran encontrar los agujeros en las legislaciones fiscales nacionales y que a través de un complejo juego que la mayoría de las veces no traspasa los límites de lo legal pero que empuja siempre esos límites hasta el extremo, consiguen el prodigio de destruir la mitad de las certezas de Benjamin Franklin.

Los Papeles del Paraíso desvelados ayer por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación vuelven a incidir en algo que ya se sabía: los paraísos fiscales le cuestan cientos de miles de millones a las haciendas de casi todos los países del mundo porque son capaces de crear un mundo aparte, casi virtual, en el que personas muy reales, generalmente poseedoras de importantes fortunas, logran instalar y disimular sus bienes y propiedades.

Conviene saber dos cosas: uno) esos paraísos fiscales podrían desaparecer si los gobiernos de los países más poderosos de la tierra así lo quisieran y exigieran y dos) no es cierto que todo el mundo que tiene mucho dinero haga lo mismo. Son muchos quienes buscan las oficinas de esos abogados internacionales, desde luego, pero también hay quienes no lo hacen y pagan sus impuestos razonablemente donde deben hacerlo. Es decir, que hay quienes, además de ricos y famosos, son indecentes.

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