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Medio minuto

Y el expresidente desde Bélgica

Las encuestas indican que el bloque independentista podría renovar la mayoría pero no la absoluta, aunque queda mucho y seguro que habrá nuevos sobresaltos

Las elecciones autonómicas del 21 de diciembre van a batir el récord de peculiaridades y anomalías. A destacar, que son convocadas por primera vez por el presidente del Gobierno y no por el de la comunidad; que posiblemente las listas vayan cargadas de presos, y uno de ellos posible candidato a la presidencia, en libertad provisional y residencia fija en Bruselas, como acaba de ordenarle el juez. Y algo más: el bloque secesionista irá con su martirologio, el Estado opresor, los presos políticos, y contra la perversa prevalencia de la Constitución, y un nuevo asalto al marco jurídico. Por eso son tan relevantes estas elecciones, porque desembocarán de nuevo en la ficción de un estado catalán o en un gobierno autonómico que cumpla la ley y trabaje para mejorar la vida de los catalanes.

El PDeCAT, que corre el riesgo de ser el cuarto o incluso el quinto partido de la cámara, no tiene ya a ERC para camuflar su debilidad. Incluso proponen ir con Puigdemont al frente, pese a que representa fielmente todas las calamidades de este proceso. Los comunes de Colau, que bajan en intención de voto, han decidido poner a Xavier Domènech de candidato, en una invitación a Podemos a sumarse les guste o no les guste. Podemos tiene, además, que resolver primero sus problemas locales. Entre los partidos constitucionalistas, Iceta podría atraer el voto útil si es capaz de convencer de que el PSC es el partido que hoy tiene soluciones para este desastre. Arrimadas, con Ciudadanos, sigue bien colocada y creciendo mientras que el PP podría superar en votos a los antiguos convergentes.

Las encuestas indican que el bloque independentista podría renovar la mayoría pero no la absoluta, aunque queda mucho y seguro que habrá nuevos sobresaltos. El problema es que los partidos constitucionalistas, cuyo cuerpo electoral está movilizado, tendrían también muy difícil ahormar un gobierno y necesitarían un trasvase de votos desde el otro lado, que podrían ser los más moderados, espantados por el procés. Sin olvidar la posibilidad de que Santi Vila cree otra marca electoral para disputar ese espacio. Unas elecciones, de todo menos previsibles y aburridas.

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