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Palmeras salvajes

Suspender el Mundial

Nos enseñan las mismas cosas que veinte años atrás y vemos fantasmas donde antes no veíamos nada

Yo considero una buena noticia que los dramas nacionales hayan sido traspasados a Adidas, que es una multinacional que puede gestionar con más habilidad nuestros traumas. En el fútbol siempre ganan los buenos, casi siempre Alemania o una empresa suya. Una estadounidense, Nike, ya lo hizo estupendamente recaudando millones de euros con el sentimiento catalanista en la camiseta del Barça. Adidas, más ambiciosa, podría organizar una guerra.

Lo que no consigo ver es una interpretación política del diseño que, en caso de tenerla, ya la habría tenido en 1994, año en que está inspirada la camiseta; no ha cambiado Adidas, hemos cambiado los españoles. Nos enseñan las mismas cosas que veinte años atrás y vemos fantasmas donde antes no veíamos nada: hay una sensibilidad patriótica que ha ido sustituyendo a la sensibilidad social.

La segunda se tiende a caricaturizar como discurso trasnochado que no deja que el mundo se gobierne solo. La primera se ha sacralizado de tal forma que en cuanto esa camiseta se sude habrá quien vea en ella la cara de Azaña y pedirá al árbitro que suspenda el partido. Que es lo que debería hacer alguien: suspender no el partido, sino el delirio que nos está quedando de país.

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